La cuenta de Instagram @ponerleelpecho lanzó una campaña para concientizar acerca del cáncer de mama. Sin embargo, la polémica surgió cuando las elegidas para protagonizarla fueron actrices argentinas que posaron en topples con una pequeña cicatriz editada en photoshop. ¿Acaso los cuerpos hegemónicos siempre tienen que ser el punto más alto de la representatividad?

Para Astrid, las mamas “son un símbolo vital y sexual de lo femenino, más en estos tiempos de sobre valoración de cierta belleza en los cuerpos”. Las suyas están tatuadas con flores: me manda una foto de cómo quedaron después de que se las haya tatuado y me pide reserva, pero doy fe de que están preciosas; como las plantas que las adornan, reverdecidas. “Si vieras cómo estaban antes, te morís”, dice Astrid y relata cómo quedaron sus pechos luego de haberse sometido a una doble mastectomía: “se pierde la areola, el pezón, es tremendo”.

Ella tuvo que enfrentar dos veces al cáncer: la primera, a los 41; la segunda, a los 54, con dos años de quimioterapia incluidos. Cuando terminó el tratamiento, fue a Chicago para tatuarse con un especialista en llenar de flores las cicatrices de esta enfermedad. Lo sintió como un alivio, una “reparación” para su intimidad. Sin embargo, Astrid sabe que es una privilegiada, que no todas pueden hacerlo, y que el post operatorio es duro, durísimo.

Por eso, no puede dejar de sentirse interpelada por las campañas que, aprovechando que octubre es mundialmente el mes de la prevención del Cáncer de Mama, convocan desde una mirada marketinera. “No tolero estas propuestas donde se glamouriza una enfermedad que afecta tanto la salud de quienes la sufren como al autoestima”, dice.

Pero la campaña que más la enojó, y definió taxativamente como “repulsiva” fue la que se lanzó esta semana en la cuenta de Instagram @ponerleelpecho.

La campaña busca concientizar acerca de la enfermedad mostrando actrices argentinas fingiendo haber atravesado la enfermedad. Con fotos en topless y con una “cicatriz” -discreta y hecha en photoshop- en los pechos, la campaña busca ser interactiva e invita a les seguidores a mandar su foto con su “falsa cicatriz” dibujada.

“Mostrar mujeres bellas, con cuerpos esculpidos vaya uno a saber cómo, si con gimnasio o sin él, con su pelo al viento, famosas, vendedoras de ilusiones, o de ropa de marca o de vidas felices, no es precisamente la realidad del cáncer de mama. (…)” Escribió Astrid en su muro de Facebook.

“Porque perder el pelo no es glamouroso. Perder la autoestima, tampoco. Sufrir los avatares del tratamiento, los malestares, la imposibilidad de trabajar (muchas veces), el escaso acceso a un tratamiento integral; y para quienes sí lo obtienen, la posibilidad de arribar luego a una reconstrucción mamaria que hoy es ley y aún así no se cumple en ninguna institución pública, es demostrativo del cortísimo (des) enfoque de estas fotos.” Continúa el posteo.

La rabia que genera que una campaña para concientizar sobre el cáncer de mama apele a mujeres que ni siquiera lo padecieron; y que, además, siguen levantando la bandera de los cuerpos hegemónicos es totalmente opuesta a la realidad de las mujeres que padecen esta enfermedad.

“La mayoría de las mujeres, cuyo acceso a la salud no tiene el privilegio de una prepaga, no cuentan ni con peluca, ni con contención económica en la circunstancia ni con la prótesis que salvaría su autoestima, su sexualidad, sus ganas de vivir, si es que han obtenido y transitado el tratamiento que cura”, señala Astrid.

Quienes protagonizaron esta campaña escucharon los reclamos que suscitaron en las redes y se justificaron:  “Si la campaña la hacen famosas, es porque justamente al ser famosas tal vez tenga más difusión. En vez de buscarle el pelo al huevo, habría que enfocarse en lo que realmente importa, que es el mensaje que están dando”, señaló Marcela Kloosterboer, una de las convocadas.

Para Jazmin Stuart, es claro: “Hay muchas campañas con cicatrices reales, y ¿sabés que pasa? La gente pasa de largo. Si no tenés la lucidez suficiente para darte cuenta que poner actrices es algo estratégico a nivel difusión, entonces es muy difícil dialogar”, esgrime desde su cuenta de Twitter, anulando la posibilidad de problematizar el hecho de que ellas siempre sean las protagonistas de todo, incluso de las luchas que no las interpelan.

Pero, ¿cuál es el mensaje? ¿Que las secuelas del cáncer de mama son demasiado poco estéticas para ser visibilizadas? ¿Que los cuerpos hegemónicos siempre tienen que ser el punto más alto de la representatividad? Las famosas normativas de siempre y sus privilegios representan a muy, muy pocas. Si el lema de la campaña es que A TODAS NOS PUEDE PASAR, frustra y cansa que siempre las abanderadas de la representatividad sean aquellas que no apelan ni a lo diverso ni a lo real, ni siquiera esta vez, en la experiencia de haber atravesado un cáncer.