El afecto como programa

Todo amor es político

Concibo la vida como un proyecto político. Cualquier relación entre personas ES un proyecto político. Un trabajo de cuidado, una inversión de confianza, cientos de negociaciones de tiempo, un repertorio de ideas conjuntas a futuro, la posibilidad de acuerdos y desacuerdos, unidades y rupturas, fusiones, mutaciones, frentes electorales, progresos y tensiones, bancas para conquistar y ceder, asambleas de mordiscos.

El amor de gusta con política y humor. Más si se baja con vino que con cerveza.

Confío en que el amor puede durar lo mismo que una lista de reproducción y entiendo que si empezamos a aceptar que el cariño puede existir en la fugacidad de una tarde, tal vez desacralizemos un poco más ese término.

Fotos: Catalina Distefano

No concibo el amor sin política y sin risa. Vengo de un territorio donde el humor es la moneda de cambio.  De hecho casi todo lo que me gusta tiene humor, amor, política y palabras.

Todo lo que me gusta es un libro que entra en la mochila y que puedo cargar, o la simple idea de que las cosas imprescindibles para la vida están sobre mi espalda.

Fotos: Catalina Distefano

Concibo la vida como un proyecto político.  Cualquier relación entre personas ES un proyecto político. Un trabajo de cuidado, una inversión de confianza, cientos de negociaciones de tiempo, un repertorio de ideas conjuntas a futuro, la posibilidad de acuerdos y desacuerdos, unidades y rupturas, fusiones, mutaciones, frentes electorales, progresos y tensiones, bancas para conquistar y ceder, asambleas de mordiscos.

Fotos: Catalina Distefano

Si toda relación es batallar en su justa medida, un amor es un programa político. El amor es contienda y desafío. romperse y recomponerse. Improvisar, con lo mucho que me cuesta. Un proyecto político es un acto de fe en el otro. Significa una apuesta sin dinero de por medio. Un plazo fijo de esperanzas.

Fotos: Catalina Distefano

Un proyecto político es contar una película con detalles, o los nervios en la panza dos cuadras antes de encontrarse, agarrarle la mano a alguien enfrente de todes sin vergüenza. Es mimar la espalda ajena con el roce apenas perceptible de las pestañas.

Un proyecto político es combatir el desinterés que nos hicieron creer que era intrínseco de lo femenino.

Fotos: Catalina Distefano

Un proyecto político puede nacer sólo en un encuentro.

El amor puede ser una célula terrorista.

Todo el cariño es político.

Fotos: Catalina Distefano

*Las imágenes que acompañan el texto fueron tomadas durante el “Sororiday”, evento creado por Natalia Seibert.