#ConLaEComoBandera

Nosotres, Ustedes, Todes

El primer Congreso de Lenguaje Inclusivo tuvo lugar el jueves y viernes pasado en la Universidad Nacional de La Plata. Con un piso de acuerdos alcanzados, surgen nuevos cuestionamientos en el largo camino de transformar el lenguaje. Crónica del primer día del encuentro.

A las ocho y media la estación Constitución todavía no está llena. Me subo al tren y me acomodo haciéndome bolita en el asiento. No sé exactamente cuánto, pero calculo que pasaré bastante tiempo ahí. No sin razón, he escuchado en mi vida chistes acerca de que a muches porteñes se nos acaba el mundo después de la General Paz.

En el tren de todo se me ofrece. Hay mentitas, panes rellenos, cremonas, cables USB, navajitas, bolsas de residuos, cargadores de celulares y palitos para selfies. El desfile -casi literal- de vendedores ambulantes habla de una precariedad que recrudece a medida que nos adentramos en el Conurbano, un tercer cordón de ollas que cada vez quedan más grandes para la ración de comida que se puede conseguir.

De la tensión entre territorio y academia, del elitismo y la inclusión, de lo que se nombra y lo que no, de generar términos para exigir derechos, de quién y cómo se construye sentido y de muchas cosas más se trata el motivo de mi viaje: el primer Congreso de Lenguaje Inclusivo. Organizado por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires en conjunto con la Universidad Nacional de La Plata, desde que fue anunciado el evento despertó un vendaval de comentarios violentos en redes sociales. No son pocos les vecines que se posicionaron en contra y agitaron el viejo y nunca caduco argumento sobre el manejo ominoso e innecesario de los impuestos. Sin embargo, desde la Defensoría sostuvieron que lo urgente no anula lo importante y que la crisis económica no es un límite a la posibilidad de ampliar derechos.

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El nombre del Congreso (“Desde el arroba interviniendo la escritora hasta el todes como forma de organizarnos”) habla de la porosidad del lenguaje y describe un historial de luchas que es también un guiño a aquelles que sostienen que el feminismo en Argentina comenzó hace cuatro años. La necesidad de realizar un congreso sobre lenguaje inclusivo responde a cierto piso de acuerdos: el lenguaje es un dispositivo que vehiculiza ideas y las naturaliza. El cambio es necesario, pero no podemos forzarlo. La lengua es producto de una sociedad dinámica y como tal, cambia, se tuerce, se transforma. Si el lenguaje se modifica, los claustros académicos deberán adaptarse a esto y no viceversa, porque el lenguaje no pertenece a quienes se arrogan el derecho a reglarlo, sino a quienes lo utilizan y lo moldean, lo condimentan con tonadas y modismos, lo bastardean.

A estas unanimidades les surgen ramificaciones ríspidas: en los territorios donde el hambre y la desocupación son acuciantes, ¿queda tiempo para pensar si usar la e o la o? ¿Qué necesitamos incluir para que se refleje la diversidad sexual? ¿La palabra disidencias engloba todo en un mismo término? ¿Si a las mujeres cis les costó conquistar la presencia de la A, optar por la E significa retroceder? ¿Puede convertirse el lenguaje inclusivo en una corrección política, un lavado de cara que pierda toda capacidad de disrupción como sucede en algunos casos con el cupo femenino? ¿Qué pasa con las personas trans que han hecho un esfuerzo por ser reconocidas como mujeres y varones? ¿Quedan invisibilizades en la E? ¿Debemos ponerle reglas al lenguaje inclusivo o sería nuevamente generar un parámetro oficial normado con otros márgenes y exclusiones? ¿Queremos estar del lado de la norma instituida quienes adoptamos la E y decimos «todes» en voz alta como potencia política?

Las opciones existen pero la obligación no. No hay recetas ni conclusiones cerradas que se escriban en actas. Si algo queda en claro es que aquí vinimos a generar pensamiento desprolijo, deshilachado, amorfo, impuro, sucio y lleno de contradicciones.

Fotos: Defensoría Del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires

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El primer panel se titula “Condenar el odio, nombrar el travesticidio”. Moderado por Flavia Centurión, secretaria general de la Defensoría del Pueblo, Mariela Labozzeta, coordinadora de litigio de la UFEM, Say Sacayán, hermano de Diana Sacayán, y Juan Kassargian, de INADI, les oradores expusieron el proceso que dio lugar al primer fallo con el término Travesticidio. Amancay Diana Sacayán promovió la importancia de utilizar este término para hablar de las muertes de las travestis. Gracias a su militancia y como parte de su legado, esta palabra fue integrada por el Poder Judicial argentino en el fallo donde se juzgó su asesinato, sentando un precedente histórico.

“No siempre se utiliza el término travesti para nombrarnos: Diana junto con Lohana Berkins, Marlene Wayar y otras activistas empezaron a reivindicar el término travesti como una identidad política”, expuso Say Sacayán, hermane de la activista asesinada. “Una vez que empezamos a usar el término travesticidio empezamos a hablar de las violencias estructurales de este colectivo. Nosotres, en la causa, no solamente hablamos de la muerte sino también de la vida», explicó el integrante del M.A.L (Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación). «Lo que vino a hacer el lenguaje con nosotres es a domesticarnos. Vinieron a decirnos que, como no entramos en ninguna categoría, nos teníamos que conformar con lo que hay, aunque eso no habla específicamente de lo que nos atraviesa a las mujeres, a las disidencias, a las personas travestis y trans. Hablar es tener que poner contenido y poner contenido es empezar a cuestionarnos y a ser más politíques. Creo que eso es el mayor temor de quienes niegan el lenguaje inclusivo, el temor a que empecemos a ser más libres”.

Fotos: Defensoría Del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires

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Luego de un breve receso el Congreso se desdobla. En el tercer piso será el turno de las periodistas feministas. En la mesa titulada “Poder nombrar. El poder de lo nombrado”, Gabriela Barcaglioni (Red Par), Liliana Viola (SOY P/12), Cynthia Ottaviano (UNDAV), Maria Eugenia Ludueña (Agencia Presentes) y Nadia Portillo (Programa “Todes” UNLP) expondrán herramientas adquiridas y las que quedan por elaborar para conseguir medios inclusivos y una comunicación no sexista.

“El desafío es cómo implementar estos cambios en los medios con estrategias no beligerantes”, aportó Gabriela Barcaglioni desde la experiencia de la Red Par, un colectivo que desde el año 2006 trabaja cuestionando el lenguaje en los medios. “Estamos discutiendo la E cuando en las redacciones y los estudios de radio todavía nos cuesta utilizar el neutro. Pero de algo estamos seguras: si una innovación se introduce es porque viene a satisfacer una necesidad”.

“Desde Presentes estamos todo el tiempo haciéndonos preguntas sobre el lenguaje. Por ejemplo, con la palabra homofobia, transfobia, lesbofobia, las personas que discriminan no son fóbicas ni enfermas; en todo caso, son personas violentas. O cuando algunos medios titulan “Le pegaron por gay», es volver a poner el acento en la víctima, pero aparte no le pegaron por gay; a lo sumo, esa persona le pegó porque es violento, discriminador y le da miedo la otredad. Las violencias funcionan en base a la complicidad social y en base a naturalizar determinadas cuestiones”, aportó Eugenia Ludueña, de Agencia Presentes.

“En 2016 había nada más que 8 mujeres sobre un total de 44 académicos en la RAE. En toda la historia sólo hubo  11 mujeres de 500 personas participantes de esta institución que se arroga para sí ese poder de la disputa política que significa la palabra. Esto es construcción hegemónica y autoritaria sobre el significado del lenguaje”, dijo Cynthia Ottaviano, integrante del posgrado de Comunicación Inclusiva y Lenguaje no Sexista de la UNDAV.

Fotos: Defensoría Del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires

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El último encuentro de la tarde reúne voces de espacios muy disímiles. Por una parte, Marina Mariasch, de «100% Diversidad y Derechos», Nina Brugo, abogada de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, Darío Arias, integrante de Conurbanes por la Diversidad, y Graciela Collantes, parte de la Asociación de Mujeres por los Derechos Humanos AMADH, conforman la mesa “Territorios y Luchas Sociales”. Moderada por Guillermo Castro del colectivo Antroposex, el panel se planteó traer experiencias del uso del lenguaje en el territorio. ¿Cala el eco de la academia en los barrios o los planteos sobre si modificar o no el léxico no continúan siendo privilegios de élites?

“Nombrarse puto o marica fue reivindicar un insulto y eso no estuvo bien visto por el movimiento, que durante mucho tiempo tuvo una agenda más blanqueada o racializada”, aportó Dario Arias. “A los integrantes de las campañas anti-derechos que reclaman ‘con mis hijos no te metas’ tenemos que explicarles que sus hijes ya están hablando con la E”, dijo Mariasch casi al final del día.

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En el tren de vuelta ya no hay asientos pero sí vendedores. En la tercera o cuarta estación se sube un grupo de músicos que hace de soundtrack a las últimas reflexiones del día:

la lengua castellana, traída del viejo continente para unificar el habla de las colonias españolas, se impuso con sangre. Cuestionarla molesta porque es cuestionar también la forma en la que organiza el mundo. El lenguaje hegemónico hace rato nos queda incómodo, nos aprieta como un corset viejo. No hay manera de seguir hablando excluyendo a las mayorías que se cansaron de ser minorizadas. Les innombrades, pero no innombrables, construimos oraciones desafiantes y adjetivos inventados para aparecer en la arena pública que dejan de ser cacofónicos cuanto más los degustamos con nuestras lenguas filosas e impúdicas. La O existe pero no es un yugo, no es unanimidad, ni bozal, ni normativa, ni hegemonía aplastante. La O existe pero no nos limita. Nos redondea los labios, pero no nos los cierra.

En su libro «Apuntes para la militancia», María Pía López se pregunta: “¿Podemos escuchar y crear desde esa escucha una neo lengua que sea muchas lenguas?” Con ese espíritu se surfean los interrogantes sinuosos que conlleva la revuelta feminista, con la única certeza de que al closet de la RAE no volvemos nunca más.