Carolina Unrein

“En el libro dejo todas las tripas”

Con la mochila llena de sueños, la joven entrerriana se mudó a Capital para convertirse en actriz e interpretará a Flor en el film "Yo adolescente", dirigido por Lucas Santana y basado en una novela de Zabo. En diálogo con El Grito del Sur, Carolina nos cuenta sobre el detrás de cámara y reflexiona sobre su libro Pendeja. Diario de una adolescente trans: “No es casual que el universo me ponga esta película justo cuando acabo de sacar este libro”.

Esta no es otra historia trágica sobre una persona trans. Sí, Carolina Unrein creció en Diamante, un pueblo de 20 mil habitantes en la provincia de Entre Ríos, y se educó entre maestras que tuvieron la peor respuesta posible: bullying, humillación, soledad y marginalización frente a su transición. Lo suficiente como para terminar con el corazón roto. “No es ningún secreto que las personas trans no solemos tener las mejores infancias y/o adolescencias”, cuenta en su libro. Así, Carolina creció en un mundo de reglas ajenas que durante años la obligaron a ser Agustín y la hicieron sentir excluida. Pero hecha la ley, hecha la trampa.

Fotos: Lucía Rivera López

Donde hubo dolor, también hubo amor. Del malo y del bueno. El amor de sus padres, que la apoyaron y acompañaron en el proceso de construcción de su identidad. El amor de esa amiga de su abuela, Carolina, que fue la primera en decirle que todo iba a estar bien. Y más tarde, ya instalada en Buenos Aires, el amor de sus propias “manadas”: el de la tía Susy (como llama a Susy Shock), el de Camila Sosa Villada y el de sus amistades. De todo esto habla Pendeja. Diario de una adolescente trans (Chirimbote, 2018). “En el libro dejo todas las tripas para que la gente las lea, es un montón de exposición, y está bueno que a veces te las devuelvan. Que agarren las tripas, te las vuelvan a meter y te den un abrazo”, se sincera en un diálogo con El Grito del Sur.

Para ser el diario de una adolescente, el libro está atravesado por una mirada crítica, reflexiva… ¿adulta?

Todavía me sigo considerando una adolescente. Las poesías del libro tienen algunos años, y si bien las entradas del diario íntimo que la acompañan están hechas desde la perspectiva del tiempo y dan un trasfondo sobre lo que pasó detrás de esas poesías, y lo que pasó también a partir de esas poesías, me parece que sigue siendo una mirada adolescente. Yo venía publicando de manera independiente y artesanal a través de fanzines que se llamaban Pendeja, escritos y pensamientos de una adolescente trans de 16 años, de 17 años, de 18 años, y así. La diferencia entre esos fanzines y el libro es que Pendeja, diario de una adolescente trans es una elevación. Contiene algunas de esas poesías, pero tiene el diario que acompaña al poemario original.

La primera página del diario nombra a Susy (Shock), dice “tía Susy”. Además del cariño que se tienen, ¿es Susy la persona que te descubrió otros mundos posibles?

Susy y también a Camila Sosa Villada. A ambas les dedico el libro. Ellas dos fueron personas que hicieron carne eso que Björk me había mostrado que era posible, esa idea de que existen otros mundos por fuera de lo que me habían enseñado. Verla a Camila Sosa Villada en La viuda de Rafael (programa emitido por la Televisión Pública Argentina en 2012) me cambió la vida. Y verla a Susy Shock en Paraná llevando su disco, y leerla, eso también me cambió la vida. Fueron el puntapié para que yo misma me empezara a pensar como artista. A que pensara que eso era posible. A partir de aquella vez en Paraná, un amigo le hizo llegar uno de mis fanzines y la invitó a Diamante. Cuando vino, Susy le pidió a mi amigo que nos pusiera en contacto, le dijo que me quería conocer, y así sucedió. Yo subí a leer con ella y nuestra amistad, conexión y relación llegó hasta el día de hoy, que estamos trabajando juntas en Cotorras (ciclo de conversaciones sudacas desde el fracaso, en La Vaca MU).

Fotos: Lucía Rivera López

Hacer de un diario íntimo una cuestión pública implica cierto coraje, o locura, como prefieras. ¿Qué te impulsó a publicar?

La necesidad de que existan libros sobre adolescentes trans escritos desde una perspectiva no adulta, porque siempre se habla de la adolescencia desde una mirada adulta. Y ni hablar de que siempre que se habla de nosotras es desde una perspectiva cis, y estoy bastante harta de eso, tanto en el cine como en el teatro como en la literatura, de que lucren con nuestras historias y no nos den espacio en ninguna de esas disciplinas del arte. Sentí esa necesidad. Y como tuve la posibilidad de contar con una plataforma que me abrió las puertas para que el libro llegara a todo el país, aproveché la oportunidad para decir todo lo que no se está diciendo. Así surge, por ejemplo, la necesidad de hablar del orgasmo trans adolescente o, aunque sea muy por arriba, de mis experiencias de abuso sexual, o hablar de que a veces está bien no saber qué querés hacer con tu vida. Hay que tenerse paciencia a una misma.

Ese orgasmo trans adolescente del que hablás en el libro, ¿es distinto a otro modo de autoexploración de cualquier otrx adolescente?

Yo creo que es muy distinto. El proceso de autodescubrimiento y de exploración del placer propio, el preguntarse constantemente qué es lo que une desea, qué es lo que de nuestro deseo fue amoldado a partir del deseo ajeno, es un proceso que todo el mundo hace. Yo tenía ganas de visibilizar el mío, hablar de que mi orgasmo es trans y es adolescente, y de contarlo a partir de lo que me pasaba como adolescente trans en un pueblo. Hablo sobre cómo mi orgasmo cambió a partir de la hormonización y de lo distinto que es a lo que era antes. Y qué tiene que ver todo esto con mi propia búsqueda de placer, y mi orgasmo, y mi deseo, y qué rol juega en mi sexualidad y en la construcción de mi identidad, también. Con ese escrito logro detallar qué implica tomar hormonas para la genitalia y cuáles son las similitudes entre ambos aparatos reproductivos, que aunque mucha gente piensa que no, son bastante parecidos, y cómo esa similitud permite que sea tan fácil acceder a, entre comillas, una vaginoplastía. A que eso sea posible y a que por eso hoy tantas chicas se la estén haciendo, inclusive yo.

Fotos: Lucía Rivera López

¿Tuviste acercamiento de adolescentes que hayan leído tu libro como una oportunidad para expresar lo que les pasa?

En la firma que hicimos en la Feria Internacional del Libro y en la presentación que hicimos en Casa Brandon se acercaron pibites agradeciéndome por Pendeja, pero también por existir públicamente, por ser esa voz, por representar, por contar en las redes sociales lo que me pasa y por hablar en voz alta. Una de las pibitas vino con la mamá que también me agradeció, completamente emocionada, diciéndome que ella lo único que quiere es poder entender a su hija y que gracias a lo que estoy haciendo lo está logrando. Yo en el libro dejo todas las tripas para que la gente las lea, es un montón de energía y exposición, y está bueno que te devuelvan, que agarren las tripas, te las vuelvan a meter, y te den un abrazo.

Además de Susy y de Camila, nombrás a esas otras influencias menos visibles pero igual de fuertes en tu vida. Una de ellas es Carolina, la amiga de tu abuela. ¿De qué manera te ayudó a ser quien sos hoy?

Cuando cumplí 12 años, por empezar mi primer año del secundario, nos mudamos a la casa de mi abuela en Diamante. Antes vivíamos en un pueblo todavía más chico, de diez mil habitantes (Viale). Mi abuela tenía una amiga súper dulce, amorosa y presente. Yo creo que a las personas trans nos atraviesa algo que es que cuando por ahí no están nuestros padres abrazándonos, son nuestros abuelos quienes nos apañan o acompañan. Yo no tuve esa suerte con mis abuelas, pero sí con esta amiga de mi abuela, y cuando decido transicionar y encuentro mi identidad o empiezo ese proceso de encontrarla y de construirla, una de las primeras personas a las que sentí que podía contarle era a Carolina. Un día fui a su casa y le conté cómo me sentía. Ella me dijo que estaba todo bien, que ella me iba a aceptar como era y me iba a llamar como yo quisiera, y le conté que a mi abuela no le estaba gustando la situación y que estábamos evaluando la posibilidad de irnos de la casa por lo poco cómoda que yo estaba y porque no aprobaba que mis padres me estuvieran cumpliendo este “capricho”, según ella. Y Carolina se ofreció a hablarle a mi abuela y fue la que la convenció de que se callara la boca, de que estaba todo bien, que no tenía nada de malo y que “el Papa Francisco decía que era normal”.

De Diamante a Capital, ¿qué tal va ese proceso?

Me siento muy a gusto. Me sorprende porque Buenos Aires es un monstruo, es una ciudad muy grande, y desde afuera no entendía cómo era la dinámica. En Diamante no hay transporte público, no existen los bondis de línea, todo el mundo se conoce. Me daba mucho miedo perderme, la soledad, separarme de la familia, empezar una vida nueva, sola, con 19 años, en esta transición a la adultez. Sin embargo, pude encontrar mis manadas y mis tribus y mis familias acá con las que me siento super a gusto. También me he sabido manejar con el privilegio del Google Maps, un privilegio de esta generación que no tuvieron quienes usaban la Guía T. Casa Brandon y el ciclo de Cotorras en Mu fueron esos espacios seguros que hallé en Buenos Aires.

En tu libro decís que no podés culpar a las maestras de tu colegio por no saber sobre adolescencia trans en ese entonces, pero sí por tener la peor respuesta posible. Le hablás a una en particular: Silvia. ¿Volviste a verla?

No volví a verla. Me encantaría saber si a Silvia si le habrá llegado el libro. O si hay alguien en Viale que se haya enterado de que escribí este libro. Quisiera tener una charla con esas personas, pero es un sueño que aún no cumplí. Tampoco sé si me recibirían.

Y a Diamante, ¿volviste?

Yo misma estuve organizando una presentación en los dos colegios a los que fui en Diamante y las cancelé una semana antes porque no estaba mentalmente preparada para volver y presentar este libro con todo lo que eso implica. No quería hacerlo. Hace poco lo reconocieron de Interés Cultural y Educativo en el Consejo Deliberante de Diamante. Yo fui el día en que se votó, que fue unánime, está bueno que me lo hayan reconocido, pero nadie de los que votó había leído el libro. Ni siquiera quien presentó el proyecto. Fue una gran mentira porque de hecho la presidenta del Consejo Deliberante, que es la viceintendenta por Cambiemos, hablaba de mí como si me conociera, y es una mentira. Nunca habló conmigo, nunca fue a mi escuela, siempre me ninguneó las veces que quise hablarle, actuó como si yo no existiera. Anda a saber con qué intención política dijo lo que dijo. Por otro lado estaba el bloque del Frente para la Victoria que no podía concebir que yo, habiendo militado para el peronismo en la ciudad de Diamante, hubiera aceptado la presentación propuesta por Cambiemos al Consejo Deliberante. La gente es muy oportunista.

Viniste a Buenos Aires para estudiar actuación y en menos de un año ya tenés un papel en una película, ¿se puede contar algo sobre esto?

Interpreto a Flor, una chica adolescente y punto. La película se basa en la novela de Zabo, Yo adolescente, publicada originalmente a través de blogs. En su momento, fue una novela muy leída y presente en la adolescencia de muchas personas, y no me parece casual que el universo me haya puesto esta película en el momento en que decido sacar este libro. La película está dirigida por Lucas Santana, director de El Puto inolvidable (2016). El personaje que interpreto es la chica linda del colegio y se lo dieron a una chica trans, y me parece bellísimo y un súper precedente. No sé si no es la primera vez en la historia del cine argentino que una persona trans interpreta a una persona cis en una película. Estoy muy contenta por eso. Además, es la primera vez que alguien me contrata por actuar. Fue una gran primera experiencia porque el equipo está integrado por un 50% de mujeres y es un equipo muy amoroso. El primer día de rodaje llegué a casa y hablé con mis amigas y le dije “creo que es el mejor día de mi vida”. Estaba tan contenta por dónde estaba, por estar haciendo historia trans. Seguramente alguien vaya a ver la película y se entere de que la persona que hizo de Flor era una chica trans y le cambie la vida, como a mí me cambió la vida ver a Camila Sosa Villada en la TV Pública.

¿Y ahora?

Sueño con seguir teniendo laburo. Me pregunto si esta es la única vez que me va a pasar esto, ¿voy a tener nuevas oportunidades en el cine? Son preguntas válidas. Ser actriz y ser trans es difícil. Antes de venir a Buenos Aires, hacía este chiste cliché de “soy una chica pueblerina, con una mochila cargada de sueños, que cae a la gran ciudad”. Me encuentro y me choco todos los días con dos industrias, la del teatro y la del cine, a las que les encanta hacer plata con nuestras historias y hacer llorar a la gente, dejarnos en el lugar de “pobre gente trans, qué mal la están pasando”, y ves Girl y la piba obsesionada con su pene y lo mucho que lo odia y se lo corta, y nunca hay una historia bella o poética o feliz. Si van a mostrar cosas trágicas sobre personas trans, por lo menos denle laburo a una persona trans. Sino es la hipocresía más grande del mundo, les chupa un huevo el colectivo trans. Es una mentira. Me encantaría ganar un Martín Fierro, pero no sé si voy a tener laburo en el futuro.

Fotos: Lucía Rivera López

El diario termina con una carta a Agustín en donde le decís que se quede tranquila, ¿cómo sería al revés? Digo, Agustín viéndote hoy, haciendo lo que tenés ganas de hacer, visible y en un camino hacia cierta experiencia de libertad. ¿Qué te diría esa persona tan chica, tan infante, que en su momento pasó momentos tan distintos a este?

Agustín, o yo de niña, no sabía que esto era posible. No estaba dentro de mis sueños más locos lo de convertirme en una feminidad, pero también porque cuando era chica nunca me pensé como otra cosa que una niña. En el proceso de autoconvencerme de ser un niño quizás sí, pero desde que tengo memoria me pensaba como una niña y por qué se suponía que yo me tenía que cortar el pelo si lo quería tener largo, a diferencia de otras niñas, o por qué tenía que usar la misma ropa que los niños si era una niña como el resto de las niñas de mi edad. Supongo que Agustín me preguntaría si seguimos actuando, si el mundo ya se enteró de que somos niñas, si ya nos subimos a algún escenario, si ya somos famosas. O si ya nos casamos con Ludmila, si tenemos amigues, si seguimos estando solas o si estamos más acompañadas ahora. Yo le respondería que lo de Ludmila ya fue hace rato, pero que en el resto vamos bien.