El caso de Mariana Gómez y Rocío Girat

“La jueza Marta Yungano es lesboodiante”

Luego de tres audiencias y dieciocho meses de proceso judicial, Mariana Gómez fue condenada a 1 año de prisión en suspenso por haber resistido a la autoridad cuando fue discriminada por estar besando a su novia en el centro de transbordo de Constitución. Crónica de un fallo lesboodiante.

“Yo ese día me defendí de un acto de discriminación y de violencia”, dice Mariana Gómez por el micrófono a las diez y media de la mañana dentro de una sala de la planta baja del Tribunal Oral en lo Criminal N° 26 de la Ciudad de Buenos Aires.

Las palabras salen temblorosas de su boca, no son dardos certeros sino más bien hálitos de defensa, que pasan chapoteando en la tensión de la sala. Mariana Gómez está nerviosa y lo dice. El pelo de los costados de la cabeza y la nuca, que alguna vez estuvo rapado, ahora debe tener 5 o 6 centímetros de espesor. Al lado suyo su esposa, Rocío Girat, aparece con un rictus serio y contenido. El párpado superior perfectamente delineado y el aro que cuelga debajo de su nariz dejan rastros de algún gesto punk.

La atmósfera del recinto es densa, podría rasguñarse con unas uñas filosas. Podría cortarse como corta un papel la piel, de manera incisiva pero inofensiva, atravesando la primera capa de dermis, haciéndola sangrar excesivamente.

Para el tribunal, encarnado por la jueza Marta Yungano, las pocas frases que esboza Mariana son suficientes. Después de tres instancias judiciales no hay nada más que escuchar. Da por terminada la sesión y avisa que en una hora dictará  la sentencia. Luego abandona al recinto.

Fotos: Catalina Distefano

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El 27 de junio, día anterior a la sentencia de Mariana Gómez, la filósofa francesa Elsa Dorlin presentó en Buenos Aires su libro ‘Defenderse’. En su escrito Dorlin historiza el rol de la autodefensa, analiza la figura de la víctima y piensa en las herramientas desplegadas por aquellos grupos expulsados del sistema para sobrevivir.

En diálogo con el suplemento Las12 de Página/12, la autora explica: “Para mí, auto-defensa equivale a seguir con vida. Así que no hay una manera correcta o incorrecta de defenderte, todo lo que nos permita resistir la violencia es auto-defensa. Además, ninguna mujer es una “víctima” en el sentido de que carece totalmente de poder. Las víctimas son luchadoras desde la resistencia. (…) Si habla, actúa, lucha (la persona violentada), se considera que no fue realmente una víctima, y por el contrario si no se mueve, si se defiende internamente para salvar su vida, si aguanta o se queda quieta, se ve cómo que estaba dispuesta. El término “víctima” está en el centro de una disputa ideológica”, continúa Dorlin.

Fotos: Catalina Distefano

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Desde adentro se escucha cómo los bombos marcan el pulso como un latido. La calle, ya cortada de la cantidad de gente, tiembla. La búsqueda de castigo, la discriminación y el sesgo de género que cayó sobre Mariana resulta imposible de disimular bajo los argumentos precarios de resistencia a la autoridad. La necesidad de adoctrinar a quien se corra apenas de lo establecido toma una revancha furiosa. En un país donde el presidente Macri cuenta con 214 causas judiciales en su haber, un proceso que se extiende como chicloso martirio por desacato a la autoridad y lesiones leves (la oficial Karen Villaroel sólo perdió un mechón de pelo en el forcejeo con Mariana) reactualiza el peso de las diferencias de clase, género y sexo en una Justicia que elige qué batallas dar.

En la entrevista antes citada, Dorlin propone: “Hay una clase de biopolítica, que yo llamo gubernamentalidad defensiva, que opera trazando una línea entre las vidas que merecen defenderse a sí mismas y ser defendidas, y aquellas que quedan expuestas al riesgo de muerte al ser desarmadas, al negarles el acceso a las armas, por supuesto, pero sobre todo al educarlas para que no se defiendan, disciplinando sus cuerpos y criminalizando sus actos de resistencia, dejándolas indefensas y considerándolas indignas de ser defendidas”.

El cuerpo de Mariana, como el de Higui, como el de miles de mujeres lesbianas travestis y trans, parece que en Argentina tiene menos derecho a defenderse y ser defendido.

Fotos: Catalina Distefano

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Once y media pasadas, la jueza vuelve a hacer su aparición. La atmósfera inquieta que se mantuvo durante el intervalo en la sala se congela, la gente que hasta el momento pululaba impaciente se queda estática cual estatua de sal, un silencio pesado lo subsume todo. Yungano se sienta en el medio de la mesa escoltada por otros funcionarios del tribunal. En cinco minutos anunciará, en jerga judicial y citando leyes, que ha decidido condenar a Mariana Solange Gómez a la pena de 1 año de prisión en suspenso y además adjudicarle una multa.

La sala estalla como una ventana de vidrio al que le pegan un pelotazo. El silencio se rompe, los dientes se aprietan, la angustia espasmódica sofoca, la indignación irrumpe, las manos se sulfuran. “Los pedófilos deberían estar presos, no las pibas”, grita Mariana minutos antes de abandonar el recinto.

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Fotos: Catalina Distefano

“No hay que alimentar el jugoso mercado de la autodefensa femenina: ¿qué otra cosa más real que la cotidianidad vivida? ¿No somos ya expertas en violencia por haber atravesado, bien o mal, tantas situaciones? Las mujeres no tienen que aprender a combatir, sino desaprender a no combatir. Eso implica una ética de la autodefensa, un feminismo pegado al cuerpo —a cuerpos que saben exactamente lo que significa recibir un golpe. Quizá ya es tiempo de habitar de forma diferente nuestros músculos, de convocarnos a nosotras, de hacer cuerpo con nosotras mismas”, continúa Dorlin en su manifiesto.

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Afuera todo es desasosiego. A la hostilidad habitual del centro porteño se le suman los empleados estatales que intentan entrar y salir del juzgado, los agentes policiales que no llaman a la ambulancia cuando Mariana se descompensa, los flashes que se debaten entre registrar y sobreexponer. Muchxs lloran, otrxs se besan, algunxs lo hacen al unísono mezclando rabia con saliva.

“No esperábamos este fallo, es en suspenso lo cual aún es peor porque nosotras no sabemos si tenemos que andar con cuidado por todas las esquinas con el miedo a que con la impunidad de cualquier funcionario público nos agarren, nos caguen a palos, volvamos a vivir una situación y Marian quede efectivamente presa”, explicó Rocío Girat en la puerta del juzgado de Paraguay al 1500. “La jueza Marta Yungano es lesboodiante, es discriminadora, es una mujer que no nos representa. Nosotras vamos a pedir la absolución para que no quede ningún precedente. No puede ser que en esta causa figure el acta de matrimonio de nosotras, que a Marian se la haya tratado en masculino, que hayamos tenido que pedir por favor que me dejen declarar cuando las dos estuvimos en esta situación”.

Fotos: Catalina Distefano

Luego Lisandro Teszkiewicz, el abogado defensor de la joven, dirá: “Los fundamentos del fallo van a ser dados el viernes 5 de julio a las 13.30 y entonces vamos a poder preparar nuestra apelación. Nosotros creemos y así lo expresamos en el alegato, que todo lo que se dio en el juicio demostraba la posición de Mariana de que -lejos de ser culpable de un delito- fue víctima de una agresión. Creemos que este veredicto muestra que no sólo es necesario, sino que es urgente la implementación de la Ley Micaela en el Poder Judicial. No hay ningún tipo de perspectiva de género en las acciones de la Justicia y nosotros vamos a seguir en todas las instancias defendiendo el derecho de Mariana y de Rocío, pero también el derecho de todas y todos los ciudadanos argentinos a vivir libremente”.

Las colectivas feministas comenzaron inmediatamente a pensar ideas, hacer un escrache a la jueza, hacer un bezaso, movilizarse. Por ahora todas coinciden en llevar el reclamo a la 4ta Marcha Plurinacional por los Travesticidios y Transfemicidios, que se realizará el mismo día a las 18 horas.

“Hace años venimos pasando estas situaciones, las fuerzas de seguridad actúan con total impunidad golpeándonos, discriminándonos, señalándonos cada vez que pueden. Ver a la jueza condenar a mi esposa a un año de prisión por estar besándonos es una falta de respeto. Todos los días nos matan a una piba, ¿vos ves todos los días a un condenado saliendo de acá? Quieren atacar la diversidad y no los vamos a dejar”, manifestó Rocío con voz potente. “Estamos acá luchando por nosotras, pero también por todas ustedes. Vamos a seguir pidiendo la absolución”.

Fotos: Catalina Distefano