El rol de la bisexualidad en el movimiento feminista

Bisexualidades y feminismo: apuntes sobre deseos irreverentes

¿Qué es la bisexualidad? ¿Qué implica en las personas que la asumen como identidad? Y sobre todo: ¿Cuál es su rol político, sus demandas específicas, su lugar dentro de los feminismos? Varias autoras discuten estos y otros ejes en “Bisexualidades feministas”, un libro editado por Madreselva.

Parece fácil: los estereotipos y prejuicios apuntan a que ser bisexual es que te gusten las mujeres y los varones. Es que vayas a una fiesta y tengas el doble de chances de conocer a alguien que te guste. Es tener el pan y la torta: la posibilidad de cumplir la norma teniendo un vínculo heterosexual o de romperla saliendo con alguien del mismo género. También resuena como red poliamorosa, identidad difusa, promiscuidad, homofobia internalizada, tibieza política. Todo eso entra en el combo de los lugares comunes donde se ubica a las identidades bisexuales.

Pero es un poco más complejo que eso.

Fotos: Catalina Distefano

Visibilización

En el libro Bisexualidades feministas, los cruces entre la teoría, la experiencia política y la ternura configuran un mapa donde emerge una identidad generalmente invisibilizada. Las bisexualidades aparecen dentro de los movimientos feministas con una imagen difuminada. El libro es, además de una compilación de memorias políticas, un intento por demarcar, historizar y volver más nítida aquella imagen. “La ausencia de referentes y de representaciones bisexuales con las que identificarnos se nos presenta como un problema político”, así dicen en el prólogo las autoras Laura Arnés, Malena Correa, Agustina Herrero, Agostina Invernizzi, Josefina Itoiz, Iria Luz Ortellao y Ayelén Pandolfi Chediac.

De acuerdo a Constanza Díaz, la primera mención a la bisexualidad dentro del movimiento LGBT+ local se dio en el año 1996 en el Primer Encuentro LGTTB en Rosario. Fue en la misma ciudad que doce años después se realizó el Primer Encuentro Nacional de Mujeres Lesbianas y Bisexuales. Así y según se explica en un artículo del libro, “la experiencia bisexual fue muchas veces filtrada por otros discursos identitarios”. Sin ir más lejos y como se amplía en el mismo trabajo, la Real Academia Española define a la bisexualidad como una alternación entre prácticas heterosexuales y homosexuales.

Hay dos dimensiones que llaman a esta obra. Por un lado, su carácter histórico: es una compilación de textos generalmente difíciles de acceder (por su origen académico, su idioma original o su lenguaje), pero también su carácter político: es un espacio de encuentro y reunión entre distintas generaciones bajo una conceptualización. El carácter feminista de las bisexualidades.

Fotos: Catalina Distefano

Feminismos

“El feminismo me permitió hacer una relectura sobre las representaciones que los demás tenían sobre la bisexualidad y proyectaban sobre mí”, dice Natasha, de 23 años. Es bisexual y tiene trayectoria en la militancia feminista. El enunciarse bisexual provocó distintas reacciones en su entorno: varones hipersexualizándola, invitaciones incesantes a hacer tríos, estigma por parte de lesbianas por ser tibia, miedo de varones heterosexuales ante la noción de que ella podría enamorarse, también, de una mujer. Ahí entró el feminismo, acompañando y dándole nombre a todo aquello que era una masa tensa entre el deseo, el prejuicio y la demanda por definiciones. “Entendí que yo no le debo explicaciones a nadie de cómo funciona mi deseo: eso es lo que me dio el feminismo”.

Fue en ese sentido que Laura Arnés y las compañeras con las que realizó el libro inscriben a su lucha e identidades bajo la conceptualización de bisexualidades feministas. “En tanto feministas, reconocemos al género como variable de opresión y somos parte de luchas que ahí nacen, como aquella por el acceso al aborto. Desde una postura feminista también nos manifestamos en contra de todo biologicismo y de toda política fascista e imperialista”. Y también aparecen las demandas específicas. Como explica, “en tanto bisexuales cuestionamos la univocidad del deseo, la mono-norma, la heterosexualidad obligatoria y la monogamia. Asimismo, desde las tensiones que el cruce genera pensamos críticamente las agendas de ambos movimientos”.

Es que, como ilustra el libro a través de sus diversas lecturas, la inserción de las bisexualidades feministas dentro del movimiento no fue sin resistencias que perduran al día de hoy. “Todavía no es posible hablar de un movimiento bisexual”, reflexiona Arnés. “Sin embargo, podría decir que nuestra lucha tiene que ver con visibilizar nuestra fuerza de trabajo sobre todo dentro del movimiento lesbiano y feminista así como también pelear porque se le dé un lugar, es decir que se le dé la ‘posibilidad’ de existencia a nuestras afectividades y a nuestras diversas organizaciones familiares en diferentes instancias de lo social”. Las dimensiones de las bisexualidades que se ponen en juego narrativamente en el libro superan la expectativa estereotipada de una ilustración de una vida sexual específica o de una red de vínculos sexoafectivos determinada: habla de maternidades, representaciones en el cine, experiencias personales narradas desde lo sensible y la organización histórica de sus demandas.

Fotos: Catalina Distefano

Les jóvenes

El libro se presenta como el producto, en parte, de la necesidad de las jóvenes activistas que las autoras del presente fueron hace una década. Pero la discusión sobre las bisexualidades está muy vigente en los feminismos más jóvenes. En ese sentido, Bisexualidades feministas es también una brújula para las pibas del presente. Natasha opina que hay un quiebre generacional que vuelve a les jóvenes de hoy más desprejuiciadxs respecto a la identidad bisexual. “Aparece como algo mucho más aceptado el explorar el deseo. El ‘no sé, voy a ver’. Esta facilidad se inscribe en un margen de búsqueda y descubrimiento que se amplía con el tiempo. “Hay una aceptación más clara de descubrir la sexualidad, que es lo más sano, van a tener un problema menos: el tener que explicar permanentemente lo que son”.

Esta libertad entre les jóvenes derriba fronteras, también, en los sentidos comunes de otras generaciones. En la mesa familiar, les adolescentes hablan de quienes les gustan sean del género que sean. “Conozco adolescentes bisexuales que lo cuentan en su familia con absoluta naturalidad y eso cambia también las experiencias de sus propias familias”. La visibilidad tiende, también, diálogos intergeneracionales.

La letra B

Juliana, de 24 años, considera que su entrada a la bisexualidad fue “tardía”. En su caso, vino de la mano de los propios feminismos: “Encontrar el feminismo y otro tipo de militancias hizo que esto se abriera como una posibilidad y como un hecho. Fue mediante otras luchas que se abrió esta”, recuerda. Remarca que, a pesar de haber llegado a reconocerse bisexual teniendo ya experiencia en militancias y luchas, no es una cuestión sencilla. “Yo creo que es bastante difícil llamarse bisexual, porque no encaja en ningún mundo: ni en el paki, ni en el gay. Hay una invisibilización de la bifobia de parte de la misma comunidad LGBT+ hacia las bisexuales. Desde el mundo de las lesbianas y la militancia torta es muy difícil porque hay un tema con seguir teniendo deseo hacia los varones. Se percibe como una situación de tibieza. Es difícil, porque es verdad que da lugar a la tibieza”.

Fotos: Catalina Distefano

Natasha coincide en este punto: “Hay veces que pareciera que la B de LGBT+ está al pedo”, plantea. “Muchas veces se me consideró farsante por parte de lesbianas, teniendo que acreditar que realmente me gustan las mujeres”. Es que mucho antes de que la sigla de LGBTTIQ+ se conviertiera en un desafío inabordable pero alegrara por su extensión, la B de “bisexuales” no estaba presente en las pancartas. Las demandas de las bisexualidades comparten terreno con las de distintos sectores de los feminismos, pero no terminan de agotarse en aquellas coincidencias. “La bisexualidad es una forma de vida que desordena mucho”, repone Arnés. “Pone en crisis la falsa seguridad que las identidades más mononormadas dibujan hacia el futuro”.

El camino es claro: continuar, como han habilitado los feminismos, el camino de la nominación, de la auto-definición, de la demarcación de las identidades en lo positivo para crear futuros más inclusivos. En ese sentido, opina Natasha, el libro es un abrazo: “Es un lugar que nos nombra”.

Fotos: Catalina Distefano

Bisexualidades feministas se presenta el 8 de agosto en Casa Brandon -Drago 236-, a las 19.30 hs.