La oportunidad histórica para el peronismo de reconquistar la Ciudad

Correr la frontera norte y derrotar al ejército amarillo

Una radiografía de cómo votaron les porteñes permite concluir que el macrismo retrocedió hacia su trinchera, la zona norte -la más cara- de la Ciudad. Por primera vez en años, la alianza entre el progresismo y el peronismo se entusiasma con recuperar territorio hostil. Aquí, algunas claves de por qué una hipotética segunda vuelta puede cambiarlo todo.

Correr la frontera norte. Conquistar a los del medio y los indecisos. Darle color a los blancos (8% de la Ciudad de Buenos Aires no votó por ningún candidato a jefe de Gobierno). Traccionar las figuras nacionales: Larreta es Macri / Lammens es Alberto. Hablar en progresista aunque duela. Apelar a lo emocional y reducir el nivel de desconocimiento de Lammens. Se puede ganar la Ciudad, pero es necesario procesar una serie de hipótesis en común que permitan comprender la particularidad del territorio, la heterogeneidad de los sujetos que la habitan y obrar en consecuencia.

Ganar, empatar y perder – la hipótesis geográfica-

En la Ciudad de Buenos Aires, el Frente de Todos ganó en apenas 2 de las 15 comunas en las que se divide el distrito.  En la 8, que comprende Lugano, Soldati y Villa Riachuelo, la más pobre y más al sur; y en la 4, de La Boca, Parque Patricios, Pompeya y Barracas, cuatro barrios populares que contienen la ribera del Riachuelo y la Villa 21-24, la más grande y poblada de la metrópolis porteña.

En la 9 y la 1 fue parejo: mientras en Mataderos, Liniers y Parque Avellaneda ganó Alberto por dos puntos, Matías Lammens terminó apenas medio punto por debajo de Horacio Rodríguez Larreta (38,48% a 37,99%). La 1 es heterogénea en su composición y también lo fueron sus resultados: Retiro y Puerto Madero  -palizas amarillas- movieron el amperímetro y pesaron más que la victoria peronista en la Villa 31, San Telmo y Constitución.

El desafío para el Frente de Todos consiste entonces en ampliar la frontera. Llegar a Rivadavia para pintar el sur de celeste, extender los límites de la divisoria y ocupar una serie de territorios que estuvieron realmente disputados: las comunas 3, 5, 7, 10 y la 15 registraron una diferencia de menos de 8 puntos en favor de Larreta. Idéntica cantidad al porcentaje de porteñes que votaron en blanco para jefe de Gobierno, tres veces más que en la categoría a presidente. Más allá, el norte parecería inexpugnable y también la comuna 6, Caballito, una especie de Córdoba porteño, mediterránea, céntrica, próspera, clasemediera y amarilla, donde el PRO obtuvo 16 puntos de diferencia.

Ejército blanco

Un 8% de porteños y porteñas votaron en blanco para Jefe de Gobierno. Sólo 3% lo hicieron para presidente y un poquito más (4,2%) para diputados. ¿Por qué 8 de cada 100 porteñes (criaturas ansiosas y aceleradas) se tomaron el trabajo de cortar la boleta y dejar el cuerpo del medio exacto de la boleta por fuera del sobre? Por un lado, el alto nivel de desconocimiento jugó en contra de Lammens. Por otro lado, una “albertización” tardía del presidente de San Lorenzo, que llegó al FB Live con Fernández apenas 10 días antes de la elección. Si el voto en blanco expresa desconocimiento, una mejor instalación y un trabajo conjunto con Alberto podrían empatizar con ese segmento indeciso que, para Jefe de Gobierno, triplica la media.

También es posible que la distancia entre candidatos se achique de aquí a octubre para finalizar más cerca del 44% al 33% de Alberto que del 46% a 32% de Larreta y, con ello, el efecto arrastre convenza a un sector importante de indecisos para un eventual ballotage. La “apuesta a ganador” en un mano a mano suele tener un importante efecto arrastre que podría incluir a parte del electorado de Tombolini (un nada despreciable 7%) e incluso a un sector del Frente de Izquierda-Unidad, que decida apostar por el presidente de San Lorenzo en una eventual segunda vuelta.

Destruir al ejército amarillo

El proyecto neoliberal se juega en la Ciudad de Buenos Aires mucho más de lo que aparenta: es la única continuidad de un dirigente del PRO puro en un escenario de paliza electoral, con Macri y Vidal derrotados. Es el último reducto amarillo rodeado por un Conurbano que se augura celeste, en una provincia kirchnerista y con Alberto Fernández de presidente. El macrismo se aferra a su último bastión: la ciudad más desigual del país, la más cosmopolita. Como en el TEG, hay objetivos más fáciles y más complejos; a veces juega la suerte, pero todo se define en la estrategia. Una buena decisión de campaña podrá poner a Kings Landing del lado de la vida para derrotar, definitivamente, el saqueo macrista.