Festival en el Día Mundial de la Prevención de Abuso Sexual en la Infancia y Adolescencia

«Nunca pensaron que íbamos a encontrarnos»

Ayer se realizó frente al Congreso el sexto festival contra el abuso sexual infantil, en el marco del Día Mundial de la Prevención de Abuso Sexual en la Infancia y Adolescencia. Estadísticas, legislaciones y testimonios de un delito históricamente silenciado.

Pañuelos rojos atados a las muñecas, juegos para niñes, feria de editoriales independientes, taller de autodefensa y de escraches, serigrafías con la frase “Yo sí te creo”, fueron algunos de los elementos del paisaje de la sexta jornada contra el abuso sexual infantil. Realizado ayer frente al Congreso Nacional en el marco del Día Mundial de la Prevención de Abuso Sexual en la Infancia y Adolescencia, el evento reunió una gran cantidad de niñes y adultes que terminaron la tarde con música y baile en la vereda.

Aunque aún no está lo suficientemente visibilizado, el abuso sexual en la infancia maneja números preocupantes en nuestro país. Según el análisis de los datos del programa “Las Víctimas Contra las Violencias 2018-2019″, realizado por Unicef y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, entre octubre de 2019 y septiembre del 2019 se recibieron 4.945 llamadas denunciando violencia sexual, lo que significa un aumento que supera el 60% en comparación con los registros del período 2017-2018. De todas las víctimas atendidas por el programa, 59,2% son niños, niñas y adolescentes con un porcentaje un 77,9% de género femenino, la mayor parte de elles entre 12 y 17 años.

Respecto a las formas de violencia sexual identificadas por les profesionales, más del 38% estuvieron relacionadas con el tocamiento sexual y su tentativa. El contexto del abuso también es fundamental: 46% de los casos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes atendidos en el último año sucedieron en el hogar de la víctima. A esto se suma que el 90% de los agresores era de género masculino y en el 76,8% de los casos los agresores eran del entorno cercano de la víctima (57,4% familiares y 19,4% conocidos). En cuanto a los familiares, un 25% de las veces el agresor fue el padre y un 21% el padrastro.

A nivel mundial, según un informe de septiembre de 2016 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 varones han declarado haber sufrido abusos sexuales durante su infancia.

Andrea Mila es sobreviviente de abuso infantil e integra el Colectivo en Lucha Contra el Abuso Sexual en la Infancia. Respecto a la importancia de generar eventos como el de ayer, explica: “Creemos que la forma de romper con el sistema de ocultamiento y aislamiento que tiene la temática de abuso sexual es saliendo a visibilizar, a manifestarnos y decir cuál es la realidad. La mayoría de los abusos se dan intrafamiliarmente, es necesario que al menos podamos generar un cambio en quienes están sufriendo la situación de abuso y no se sientan aislados y aisladas, para que entiendan es una realidad que no sucede sólo en ese seno de familia”.

Gaviota Stivala, del mismo colectivo, manifiesta: “Estos eventos funcionan como espacios para empezar a construir empatía. Poder encontrarnos es fundamental porque muchas de acá vivenciamos una situación de abuso que pusimos en palabras y empezamos a reconocer a partir de los relatos de las otras. Es fundamental empezar a politizar esta realidad que vivenciamos muches niñes para generar otro tipo de sociedad, que es lo que buscamos, donde se acaben las violencias sexuales en las niñeces y tener otro tipo de vinculaciones”.

Tanto Andrea como Gaviota hacen hincapié en que la Educación Sexual Integral es uno de los pilares fundamentales de la prevención y la contención de niños, niñas y adolescentes que están sufriendo abusos y una de las principales banderas del Colectivo en Lucha Contra el Abuso Sexual en la Infancia. Además, agregan que la ESI debe ser aplicada desde la primera infancia y correrse de la perspectiva adultocéntrica.

El no como acción política

Nadia Dagnino, sobreviviente de abuso e integrante del colectivo, agrega: “La tarea de visibilizar es correrse de lo naturalizado, del concepto de que el espacio doméstico es el espacio privado, instalado en la modernidad. Al hablar de un abuso intrafamiliar se está hablando de la jerarquía de madres y padres, donde poner en lugar de opresor al progenitor o progenitora es muy violento, porque es la persona que tenía que cuidarme y vino a vulnerar todos mis derechos. Cuando se muestran estos casos uno se puede correr de ese lugar de víctima y entender que la violencia no nos corresponde, que la culpa no nos corresponde y que la atrocidad y el horror es de los abusadores y los violadores”.

La legislación argentina 

Como explicó este medio anteriormente , la legislación argentina en cuanto a abusos sexuales ha tenido un desarrollo escalonado y complejo. En 2011 el Estado Nacional sancionó la Ley Piazza, impulsada por el famoso diseñador, que logró que la prescribilidad de delitos sexuales empiece a correr recién a partir de la mayoría de edad de la víctima, es decir 12 años después de cumplidos los 18. En 2015 se sancionó la Ley 27.206 de Respeto al Tiempo de las Víctimas, impulsada por la entonces senadora nacional Sigrid Kunath. Esta legislación plantea que dicho plazo de prescripción “se suspende mientras la víctima sea menor de edad y hasta que habiendo cumplido la mayoría de edad formule por sí la denuncia o ratifique la formulada por sus representantes legales durante la minoridad” (art 2º de la ley 5to párrafo). A simple vista pareciera que los plazos se suspenden hasta que la víctima denuncie y esto es así, pero sólo para los delitos cometidos después de la entrada de vigencia de dicha ley, ya que el derecho penal cuenta con ciertos principios que le son propios como lo es la irretroactividad de la ley penal y y la ley penal más benigna, que implica que entre las diferentes posibilidades de penar un delito debe optarse por la aplicación de aquella ley más favorable al condenado. Desde el colectivo resaltan que decir que estos delitos son imprescriptibles no es real e insisten en la necesidad de que los operadores judiciales tomen los instrumentos internacionales que estaban en vigencia en el momento en que se sufren los abusos, como lo son la “Convención sobre los Derechos del Niño” y la “Convención Belem Do Para”, ambas con jerarquía constitucional .

Cuando Nadia realizó la denuncia por el abuso sufrido en la infancia, se enteró que su causa ya estaba prescripta y entró en una seguidilla de instancias legales. “Sabemos que los tiempos para cada persona son diferentes, cada uno hace la denuncia cuando puede y se siente fortalecido para hablar. El vacío legal no viene de la nada misma, sino que el patriarcado tomó nuestros cuerpos, hizo de ellos lo que quiso. Lo más reparador es que la Justicia pueda escucharnos, darnos el lugar de hacer la denuncia, la investigación y que les den las condenas a los abusadores. Ante esta vulnerabilidad de nuestros cuerpos nos parece fundamental que las causas de abuso sexual en la infancia no tengan vencimiento y que las voces de quienes pudieron hablar nunca más puedan ser silenciadas. Sin duda nunca pensaron que íbamos a hablar, nunca pensaron que íbamos a denunciar, nunca pensaron que nos íbamos a organizar pero lo que nunca creyeron es que nos íbamos a encontrar”.

Núcleo familiar y falso SAP 

Como queda claro en los registros, la mayoría de los abusos a niños, niñas y adolescentes sucede en el mismo núcleo familiar. Andrea Mila explica que, muchas veces, la complejidad del asunto tiene que ver con el resabio de la doctrina eclesiástica que sigue rigiendo en la sociedad, aunque muches se perciban ateos o agnósticos. De esta tradición se hereda el arraigado concepto de que la familia será siempre el mejor espacio para une niñe, exponiéndose a que muchas veces siga teniendo vínculo con su agresor.

Respecto a este tema, en el festival realizado ayer habló Rocio Girat, sobreviviente de abuso sexual e imputada por resistencia a la autoridad luego de ser interceptada por la policía junto a su pareja Marian Gómez al estar besándose en la estación Constitución: «El abuso sexual es una de las formas de ejercer violencia en la infancia. Quienes ejercen esa violencia lo hacen como forma de control, de cosificación. No son monstruos, no están locos, lo hacen disfrutando del daño que provocan y por eso lo ocultan. Un niño, niña o adolescente que habla de abuso no puede relatar situaciones que nunca vivió. Hay un falso síndrome que sólo se diagnostica en juzgados y son los auxiliares de la Justicia los encargados de presentarlo cuando se le invoca. Este síndrome se utiliza contra la mujer que denuncia abuso o contra les niñes, convirtiéndose en una eficaz herramienta de violencia institucional hacia víctimas y denunciantes”. Rocío también se refirió al falso Síndrome de Alienación Parental (SAP), acuñado por el profesor de psiquiatría Richard Gardner en 1985 para referirse a lo que él consideró como un desorden psicopatológico por el cual un niño de forma permanente denigra e insulta sin justificación alguna a uno de sus progenitores, generalmente -pero no exclusivamente- a su padre.

Aunque el falso SAP no tiene validez académica ni criterio médico -habiendo sido rechazado por la OMS y la Asociación Americana de Psicología-, continúa siendo utilizado en instancias legales para relativizar los relatos de abuso. Los argumentos de Gardner se basaban en que unx de lxs progenitores -generalmente la madre- realizaría una especie de lavado de cerebro de sus hijos con la intención de obstaculizar sus vínculos con el otro progenitor.

“Este síndrome está sucediendo en los juzgados y afecta a mujeres, niñxs e identidades feminizadas, que a partir de la denuncia quedan presos de los juzgados y terapias en procesos que duran muchísimos años. Tenemos leyes constitucionales, pero no tenemos la decisión política que se necesita para terminar con la violencia hacia la niñez. Sabemos que es una decisión la de mirar a les niñes, propiciar la escucha, dar las condiciones necesarias para actuar en consecuencia y salvar la vida de cualquiera que haya sido violentado en la niñez. No podemos permitir más que nos quieran contar que no sucede, cómo vivirlo ni cuándo contarlo: tienen la obligación ética jurídica y social de escucharnos y actuar en consecuencia. El Estado es responsable”, finalizó Girat.

Fotos: Nicolás Cardello

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