Ballotage en Uruguay

El Frente Amplio en su parada más difícil

Todas las encuestadoras dan al candidato de la derecha uruguaya, Luis Lacalle Pou, como ganador de la segunda vuelta electoral de este domingo. Dos modelos de país en juego y la inevitable comparación con el ballotage argentino de hace cuatro años.

La primera vuelta electoral en Uruguay tuvo lugar el mismo día que el triunfo de la fórmula Alberto Fernández – Cristina Fernández en nuestro país. Por esta razón, lo ocurrido en el país charrúa quedó totalmente tapado por los festejos que protagonizaron les simpatizantes y militantes del Frente de Todos a lo largo y ancho de la Argentina. En aquella jornada del 27 de octubre, el oficialista Frente Amplio (FA) -que lleva como candidato presidencial a Daniel Martínez- obtuvo 38,63% de los votos frente al 28,20% del Partido Nacional, lo cual significa en los hechos una diferencia de alrededor de 250 mil votos. De acuerdo con las diferentes encuestas divulgadas en la última semana de cara al balotaje de este domingo, la oposición parte como favorita, aunque se espera un resultado sumamente reñido.

A pesar de que el Frente Amplio se erigió por quinta vez consecutiva como la fuerza más votada en primera vuelta, lo hizo por el menor porcentaje desde 1999 hasta la fecha. Cabe destacar que, en las presidenciales de 2014, el FA había cosechado 47,81% de los votos, lo cual le permitió vencer muy cómodamente en el balotaje de ese año -en Uruguay, para consagrarse en primera vuelta, es necesario obtener más del 50% de los votos emitidos-. Por esta razón, el escenario político para la alianza centro-izquierdista uruguaya es a todas luces complejo: tanto el Partido Colorado como Cabildo Abierto (un partido recientemente creado de orientación militar y ultraderechista), con un 12,15 y 10,73% respectivamente, decidieron apoyar al candidato opositor del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou.

Los sondeos dados a conocer antes de la veda electoral ya dieron su veredicto: en todos Lacalle Pou se impone sobre Martínez por entre 5 y 7 puntos. Según la última encuesta de Radar, un 49,9% de los uruguayos votará por el candidato del Partido Nacional y un 44,3% por el postulante del Frente Amplio, mientras que un 5,8% lo hará en blanco o anulado. La consultora Cifra, por su parte, mostró un panorama aún más pesimista para el oficialismo, dado que -con proyección de indecisos- un 51,5% votaría por Lacalle Pou, un 44,5% por Martínez y 4% en blanco o nulo. A diferencia de lo que ocurrió en Argentina con el descrédito de las consultoras a partir de groseros desaciertos en las encuestas tanto en las PASO como en las generales, en Uruguay las encuestas de la primera vuelta mostraron una intención de voto que se acercó en buena medida a los resultados finales.

De izquierda a derecha: Daniel Martínez (Frente Amplio) y Luis Lacalle Pou (Partido Nacional), en el último debate presidencial.

“El desafío que tiene la República es entre un futuro de esperanza y certezas, o un futuro de volver al pasado y de incertezas absolutamente imprevisibles. Pensar que achicar el Estado se va a hacer sin el costo social para las mayorías es por lo menos ser ilusos. ¿Saben cómo termina esto? Como en Argentina, Brasil y lo que está pasando en nuestra dolida América Latina, recetas fundamentales que en naciones como las nuestras el papel que tiene el Estado de ser la campana de los más débiles, para brindar igualdad de oportunidades e igualdad de puntos de salida. Los que olvidan eso condenan al fracaso a la Nación y hacen que el pueblo termine pagando con su hambre las consecuencias de sus políticas fundamentalistas”, planteó Daniel Martínez en el discurso de cierre de campaña del Frente Amplio.

El candidato oficialista pertenece al ala conservadora de su partido y cuenta como pergaminos haber sido presidente de la petrolera estatal ANCAP (2005-2008), ministro de Industria, Energía y Minería (2008-2009), senador de la República (2010-2015) e intendente de Montevideo (2015-2019), cargo al que renunció a principios de abril para enfocarse en su campaña presidencial. Una de sus últimas referencias a la situación política en Venezuela reavivó la disputa al interior del izquierdista FA, donde conviven desde el Partido Comunista hasta sectores más moderados. “La lectura del informe y una conversación telefónica que tuve con Bachelet me convencieron de que lo que allí se decía era cierto”, dijo Martínez dos meses atrás en relación al informe sobre supuestas violaciones a los derechos humanos en el país caribeño que presentó la Alta Comisionada para los Derechos Humanos (ONU).

Por su parte, Luis Lacalle Pou dijo en su acto de cierre que “no es responsable ni cierto augurar males populares. ¿Qué me dirían ustedes si yo vengo acá a decirles que el continuismo sólo va a traer males peores? ¿Qué dirían si hablara del continuismo y meto el dedo en la llaga? Ya no sería una contienda con el partido de gobierno, sería una afrenta, una falta de respeto a los uruguayos. No se puede decir que si gana la coalición vamos a vivir lo del 2002. No vale cualquier cosa para ganar”. Hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle, este abogado de apenas 46 años ya fue diputado de la República por Canelones (2000-2015) y senador hasta agosto de este año (2015-2019). Además, en la contienda de 2014 perdió el ballotage contra Tabaré Vázquez, en lo que fue su primera incursión como aspirante a la presidencia.

La comparación con lo que sucedió en Argentina en la segunda vuelta de hace cuatro años es casi inevitable: Daniel Martínez parte en desventaja y, por su estilo sobrio y una afinidad por la búsqueda exacerbada de consensos, posee ciertos aires estilísticos que lo asemejan al candidato presidencial del Frente para la Victoria en 2015, Daniel Scioli. Al mismo tiempo, en Uruguay también se enfrentan dos modelos de país en un contexto de creciente polarización política. En el país vecino, que lejos ha estado de efectuar transformaciones estructurales en su economía, la pobreza descendió de más del 40% en el año 2004 a 8,1% en 2019, mientras que la indigencia prácticamente ha desaparecido (0,1%). La inversión en educación, salud e infraestructura también lograron situarse en niveles muy altos bajo los tres gobiernos del Frente Amplio.

Hoy la agenda de la derecha, en cambio, es devolver el control de los grandes resortes de la economía a los poderes fácticos y lograr una subordinación del Estado en el direccionamiento de las políticas públicas. Mientras que buena parte del continente se moviliza masivamente contra los efectos de las políticas neoliberales, Uruguay podría ingresar en la ola conservadora si es que la alianza encabezada por Lacalle se impone en el ballotage de este domingo.