El Grito del Sur en Chile

La memoria hecha presente

En el Espacio de la Memoria Londres 38, donde funcionara un centro clandestino de detención, un grupo de estudiantes emplazó una posta de salud y una asesoría jurídica para brindar apoyo a los heridos en las marchas.

El edificio de Londres 38, en pleno centro de Santiago, fue uno de los epicentros de la represión durante la dictadura en Chile. Se calcula que unas 1000 personas pasaron por el inmueble bajo el gobierno de facto de Augusto Pinochet y hay pruebas que confirman 98 detenidos-desaparecidos en el lugar: 84 hombres y 14 mujeres, dos de ellas embarazadas, cuyos nombres se encuentran en un memorial a la entrada del edificio. La mayoría de las víctimas tenían menos de 25 años y eran militantes del MIR, aunque también pasaron por allí integrantes del Partido Comunista y Socialista. De ser un espacio de detención y tortura a cargo de la Dirección de Inteligencia Nacional (una institución paralela creada por la dictadura con el objetivo de dirigir la represión interna) se transformó, al calor de la lucha por los Derechos Humanos, en un museo y un memorial de lo que allí sucedió.

Ahora, en plena revuelta contra el neoliberalismo, el edificio de Londres 38 resignifica su lugar en la historia. Hoy, en contraposición con su fatídico pasado, la coordinación del espacio decidió prestar el lugar para que les estudiantes de la Universidad de Chile montaran un puesto de salud para atender a los heridos en las marchas y una posta jurídica para tomar denuncias y sistematizar los casos de represión. «En el marco de la contingencia y con el alza de las movilizaciones, la mesa de trabajo de Londres recibió y aprobó una propuesta de estudiantes universitarios para que el espacio pudiera funcionar como posta de primeros auxilios», explica Marcela Cornejo, encargada de prensa de Londres 38. «A partir de allí todo el equipo adaptó su horario laboral en torno al punto de primeros auxilios. Hemos dejado un poco de lado nuestras actividades normales para sumarnos al apoyo logístico y operativo de este espacio».

Pablo Romero Abarca es estudiante de quinto año de medicina. Hijo de madre soltera, Pablo comenta las dificultades que tuvo que afrontar su familia para que él pudiese estudiar en uno de los países más excluyentes al momento de ingresar a la educación superior. «Mi mamá tuvo que pagar un colegio carísimo para que yo estuviera bien preparado en la prueba de acceso. Pero esa no es la realidad de todos», dice Pablo. Hoy es uno de los impulsores de la posta de salud que funciona en la calle Londres y se dedica a atender a los heridos en las marchas.

Fotos: Ariel Olivares

Muchos de los profesionales de la salud que ahora se concentran en el Centro de la Memoria hacían primeros auxilios en las marchas, con las dificultades del caso: «Atender en las calles era un peligro porque la represión no estaba mirando el uniforme», cuenta Pablo. Junto con un equipo médico de 15 voluntarios se instalaron en el inmueble para brindar apoyo en las manifestaciones. «Hay muchos heridos por perdigones, intoxicados por gases lacrimógenos o afectados por el carro hidrante. Esa gente no tenía un espacio para ser atendida y por eso montamos un pequeño centro con camillas y elementos para primeros auxilios. Ahora, las cuadrillas que están dando vueltas en las calles traen a los heridos acá», agrega el estudiante. La atención se limita a primeros auxilios y, en caso de situaciones más graves, desde la posta sanitaria garantizan el traslado a algún hospital.

En Londres, junto con la posta sanitaria, también funciona un punto de asesoría jurídica. Allí, la Defensoría Jurídica de la Universidad de Chile permite a los heridos presentar sus denuncias y recibir la atención profesional de abogados y especialistas. «Apremios ilegales, detenciones ilegítimas y todo lo que implica estar bajo un estado de emergencia», explican Sofía Collao y Macarena Muñoz, dos de las encargadas del espacio. «Todos los heridos llegan por violencia institucional, una violación a los Derechos Humanos. Es un derecho denunciar esos casos y un deber del Estado investigar, sancionar y reparar esas violaciones», comentan.

Fotos: Ariel Olivares

«El estado de emergencia, una vez que se establece, tiene que delimitar los derechos que van a restringirse. Nunca se restringió el derecho a la vida ni a la integridad física y psíquica; sin embargo, se violaron de hecho», explica Muñoz. «A su vez, violar el toque de queda no implica un delito por el que una persona pueda ser detenida. Quien incumple el toque de queda está cometiendo una falta y las faltas tienen como sanción una multa, pero jamás una detención. Si a una persona la detienen por cometer una falta eso implica un secuestro y eso sí es un delito, una violación a los Derechos Humanos», agrega Macarena.

Los crímenes contra los Derechos Humanos son imprescriptibles y por eso, desde la asesoría jurídica en Londres 38, se impulsa la denuncia de lesiones o detenciones. Asimismo, buscan desarrollar una estadística ordenada que les permita conocer con certeza qué protección establecer a futuro para los Derechos Humanos y sistematizar las denuncias para desnudar a fondo el accionar represivo durante estas últimas dos semanas. En definitiva, con estas acciones, el espacio de memoria no hace más que cumplir con una de sus líneas estratégicas de trabajo: vincular las luchas del pasado con las del presente.

En Londres 38, donde antes desaparecían militantes, ahora atienden a les jóvenes que pelean por un país mejor. Un pequeño ejemplo de la potencia que tiene recuperar la memoria para resignificar el presente y luchar por un futuro más justo.