Fábricas recuperadas y cooperativas

Ocupar, resistir y producir

El modelo neoliberal buscó fortalecer el rol histórico de la Argentina como el granero del mundo, sumiso a condiciones extranjeras. A través de la economía éste fue combatido desde las fábricas recuperadas y cooperativas de trabajo. Ocupar, resistir y producir con la empatía como paradigma.

Esa vieja mano invisible que volvió al mercado junto al neoliberalismo, desarrolló un modelo social y productivo de desempleo, hambre y miseria. Contra ello, diversos actores y actrices de la economía popular replantearon la escena para dar una alternativa: figuran ahí las cooperativas  de trabajo y, dentro de ellas, las empresas recuperadas por sus propios/as trabajadores/as.

Fábrica recuperada La Foresta

Desde la estratosfera, hacia las empresas recuperadas

La mayor parte de las empresas recuperadas responden a su identidad política y económica debido a factores macroeconómicos resultado de crisis. En términos industriales, el neoliberalismo no hizo más que fortalecer una vieja idea sobre el rol que la Argentina debía jugar: ser el granero del mundo sumiso a condiciones extranjeras. Sus complementos son históricamente conocidos: especulación financiera, estatización de la deuda, desregulación estatal y privatización. En este sentido, la desindustrialización parece ser el mejor concepto a la hora de resumir las medidas económicas desde la dictadura hasta el kirchnerismo y de los cuatro años de gestión macrista a nivel Nación.
Hoy en día, la cantidad total de empresas recuperadas corresponde a unas 420 con 17.500 trabajadores/as en conjunto. La evolución cronológica de las mismas responde mayoritariamente hasta el 2015: hasta dicho año, la cantidad total de empresas recuperadas era de 361. Sin embargo, en los últimos cuatro años de gestión macrista se reconocieron 59 nuevas fábricas de dichas características que representan casi el 15% del total de las empresas recuperadas en Argentina.
En relación a la distribución de edades y géneros al interior de las empresas recuperadas podemos hacer mención a una predominancia de hombres (81%) por sobre las mujeres (19%). Ello puede explicarse porque, en su mayoría, las actividades en las que se desempeñan las empresas recuperadas corresponden a establecimientos industriales de uso final o intermedio. Dos cosas a mencionar: la primera, como se ha dicho, el proceso desindustrializante propuesto por los gobiernos neoliberales derivó en quiebras o cierres de fábricas que, justamente, se dedicaban a la industria. La segunda, por la injusta e histórica división sexual del trabajo (re)productivo, las mujeres suelen dedicarse a trabajos administrativos o ligados a servicios de salud, educación, comunicación, etc.
En cuanto a la edad de los y las trabajadoras de las empresas recuperadas: apenas el 1% son jóvenes de entre 18 a 24 años, el 45% son personas de 25-45 años y el 54% restante se conforma por mayores de 45 años. La mayor parte de los/las trabajadoras de las empresas recuperadas tienen antigüedades laborales de entre 10-20 años promedio. Aquí se desprende un análisis antropológico interesante: la mayoría de ellos/as reconoce haber sido parte y partícipe de la resistencia y de la ocupación inicial, lo cual genera y construye un sentido de pertenencia en torno a la fábrica que no existe en otras experiencias.
En relación a la cantidad de trabajadores/as: el 62% del total, cuenta con hasta 30 socios/as, el 31% de 31 a 100 y apenas un 7% tiene más de 100 trabajadores. En Buenos Aires, CABA, Santa Fe y Córdoba se encuentra el 80,7% del total de las empresas recuperadas y se destacan las metalúrgicas (24%), alimentación (17%), textiles (12%), gráficas (10%), productos cárnicos (10%).

Fábrica recuperada La Foresta

De qué hablamos cuando hablamos de otro modelo social y productivo

Calamaro se pregunta de qué hablamos cuando hablamos de amor y nosotros/as queremos responder a qué nos referimos cuando decimos que otro modelo social y productivo es posible con argumentos en la experiencia de las empresas recuperadas y las cooperativas de trabajo. Desde sus inicios como centro de producción, las empresas recuperadas y cooperativas manifiestan claros lazos de empatía respecto a la comunidad territorial donde se desarrolla la actividad productiva y también respecto a otros establecimientos recuperados (suelen conformarse cadenas de compra/venta de insumos/productos finales entre las mismas). Además se reconoce que al interior de las mismas han creado y albergado a otras instituciones del cuidado (guarderías, colegios, centros de salud) y unidades productivas. En este sentido, la responsabilidad social de las empresas recuperadas y cooperativas es mayor a la de las empresas privadas. También es importante reconocer el desarrollo laboral de mediana y larga trayectoria para los/las trabajadoras, “ahorro de costos vinculados al manteamiento de cuerpos gerenciales”, distribución equitativa de los ingresos y la democratización de la participación en la toma de decisiones.

Fabrica recuperada La Foresta

De todas maneras es importante entender que las empresas y fábricas recuperadas y organizadas en cooperativas afrontan altos niveles de informalidad productiva, principalmente; deficiencia de infraestructuras y adecuación tecnológica, restricciones de capital, entre otras. El Estado, en este sentido, debe brindar y acercar las herramientas y financiación necesaria, crear regímenes tributarios diferenciados, contribuir a la formalidad de los y las trabajadoras.

La Foresta fábrica recuperada

La experiencia de La Foresta, una Unidad Productiva Recuperada

La Foresta es una cooperativa recuperada frigorífica cuya historia data hace más de 20 años: en 1999 se declaró la quiebra de La Foresta S.A y en el 2005, se realizó la última faena bajo mando empresarial. En esos seis años, la planta se alquiló a diferentes firmas y los trabajadores y las trabajadoras fueron perdiendo la continuidad laboral de firma en firma y por consecuencia, también la estabilidad laboral. La organización de las/os trabajadores/as se sintió: “comenzamos a transitar la consigna que sintetiza la acción del movimiento de empresas y fábricas recuperadas a nivel nacional: ocupar – resistir – producir”, cuentan. “La ocupación de la planta no solamente significó el cuidado del establecimiento, sino la decisión de avanzar en la recuperación de la producción por parte de nosotros, los trabajadores. Resistimos desalojos y el remate de la planta. Nos conformamos en Cooperativa de Trabajo y salimos en busca de la Ley de expropiación. La primera ley fue aprobada por el Consejo”, dice Marcelo Jaquet, trabajador y socio de La Foresta.


Tras 10 meses cerrada, el próximo viernes 28 de febrero La Foresta volverá a producir. La incidencia territorial y la responsabilidad política es clara: “un frigorífico contra el hambre”, pronuncian en las entrevistas y delinean propuestas para que los y las vecinas puedan pagar “la mejor carne al mejor precio”. También viene acompañado de la denuncia a un sistema de concentración de la tierra y la carne vacuna, de un sistema que propone la ganancia por exportación, la extranjerización del modelo productivo.

Lo interesante de las cooperativas y las recuperadas es que van más allá de la dinámica comercial y de la ganancia: la discusión es sobre el modelo social y productivo y sobre el rol estatal. Dice Marcelo: “nos parece más correcto disputar la comercialización con los supermercados que entrar en ellos. Eso se puede hacer con las ferias populares, los almacenes agroecológicos” pero también “el Estado tiene que intervenir para planificar la alimentación de los argentinos (…), no alcanza con dar de comer, sino tiene que ver con poder alimentar bien”.