Cuarentena y trabajos de cuidados no remunerados

Cuidar a las que cuidan | Feminismo en épocas de coronavirus

La cuarentena y las licencias ayudan a limitar que se propague el virus, pero abren la pregunta sobre quién recaen las tareas de cuidado y organización de la vida doméstica, sobre todo, bajo estas circunstancias.

Coronavirus: hasta de escribirla estamos cansadas. La palabra que vino a comerse toda nuestra cotidianeidad, a priori, podría dejarnos también algunas enseñanzas. Cuando todo aquello que creemos incuestionable, impostergable, indefectible; demuestra serlo bajo amenaza, entonces, pensamos, podemos reescribir algunas de nuestras certezas o aún más sencillo: observarlas críticamente.

Pero hace falta ir un poco más atrás. Hace menos de una semana, al aire en FM La Tribu Justina Lee, integrante de Economía Feminista, remarcaba que “en Argentina, el 76% de los trabajos domésticos no remunerados son realizados por mujeres. El 88,9% de las mujeres las realizan y dedican a este tipo de labores un promedio de 6,4 horas semanales”. Es decir: los trabajos que tienen que ver con cuidados y con reproducir la vida recaen sobre los hombros de las mujeres en términos de tiempo y de ingresos.

“Estas tareas implican el cuidado personal, el cuidado directo a otras personas, la provisión de precondiciones para realizar el cuidado (como por ejemplo la compra de alimentos) y la gestión del cuidado (cocinar los alimentos para satisfacer la necesidad básica de alimentación de todo el grupo familiar). Partimos de la base de que la sostenibilidad de la vida humana tiene dos dimensiones: una física, que refiere a la satisfacción de necesidades fisiológicas, y una simbólica, que refiere al componente afectivo y emocional de las personas”, describe el documento “Hacia una redistribución igualitaria de las tareas del cuidado” publicado por INADI. En la crisis económica y social que provoca el coronavirus, estas tareas se ven resaltadas y surge la evidencia de que, tal como son descriptas, se asocian mayoritariamente con las mujeres pobres: hay un doble sesgo, que es de género pero también de clase.

La directora nacional de Políticas de Cuidado del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Lucía Cirmi Obón, asegura que desde la semana pasada se está trabajando con un foco específico: el de atender a las poblaciones que se ven afectadas por las transformaciones que trae el coronavirus en la dimensión de cuidados y doméstica. “La población que se dedica a cuidar tiene menos ingresos socialmente, si no acompañamos la cosa se podría poner mucho peor”, grafica. “Tenemos como objetivo redistribuir los cuidados, reconocerlos como una necesidad y un derecho. Nosotras tenemos una agenda profunda a mediano plazo, por eso coordinamos una mesa interministerial y estamos creando un mapa federal. Pero obviamente la circunstancia pone sobre la mesa mucho más evidentemente la importancia de la organización del cuidado”.

Fue por eso que la flamante dirección (perteneciente al ministerio que encabeza Elizabeth Gómez Alcorta) asumió como tarea el articular con distintos organismos elevando propuestas para que ninguna de las poblaciones que ejerce los cuidados quedara desprotegida. “Las licencias y el trabajo remoto para el sector público y privado fueron dadas a todas las identidades, lo cual es importante: muchas veces se dieron ¨permisos¨ solamente a mujeres. Insistimos en la corresponsabilidad en los cuidados”, destaca. “Además está el refuerzo a la AUH y otros montos económicos, que son una gran ayuda a las personas cuentapropistas”.

A lo largo de estos días también se puso en debate qué decisiones debían tomar quienes son empleadores de trabajadoras de casas particulares. En ese sentido, Cirmi destacó que “es muy importante reforzar que dentro de las medidas anunciadas las licencias, excepciones; le competen también a las trabajadoras de casa particulares, que son una parte muy importante de las trabajadoras mujeres del país, uno de los sectores más informales y más feminizados, con los salarios promedios más bajos. Se vio que muchas personas en cuarentena tenían a las trabajadoras de casa particulares dentro de su casa, como si no las consideraran personas sujetas al riesgo”. En ese sentido, la dirección trabajó junto al Ministerio de Trabajo para dejar en claro que las mujeres trabajadoras de casas particulares tienen los mismos derechos que todos los trabajadores a quedarse en su casa si son población de riesgo o si hay una situación de riesgo en su lugar de trabajo.Ante la coyuntura compleja, acelerada y movilizante, Cirmi y la Dirección se paran firmes sobre la convicción de que ésta es una instancia para discutir derechos. “Desde los feminismos siempre marcamos que lo emotivo en el cuidado fue aquello que lo ordenó como responsabilidad femenina. Hay algo emotivo pero también hay una dimensión económica y de la organización familiar. Desde la Dirección estamos promoviendo que es importante que nos propongamos una división del trabajo equitativa dentro del hogar, y pensar formatos comunitarios para aquellas personas que están aisladas. Las poblaciones más vulnerables, las trabajadoras de casas particulares ya están protegidas por la norma”.

El cuidado, como explica, es una instancia de profundización de desigualdades de género y clase. El cuidado debe revalorizarse y no se puede desproteger a quienes lo realizan. En ese sentido, Cirmi destaca tres desafíos: pensar cómo el Estado puede proteger a quienes cuidan, pensar cuál es la oferta que tiene que ampliar el Estado para pensar al cuidado como un derecho y, la última: ¿cómo involucrar a los varones? Durante la crisis de coronavirus, sí, pero también todo el año: para redistribuir el cuidado, explica la economista, necesitamos el compromiso de toda la sociedad.