Carolina Brandariz

«El cuidado es el nudo de la desigualdad en América Latina»

Algunas tareas fueron históricamente relegadas a las mujeres y hoy se ponen sobre la mesa para discutir la agenda de cuidados. Carolina Brandariz fue designada al frente de la Dirección de Cuidados Integrales y Políticas Comunitarias, y en diálogo con El Grito del Sur habla sobre las temáticas en que vienen trabajando.

Carolina Brandariz es docente e investigadora, forma parte de la Mesa Nacional del Movimiento Evita y  recientemente fue designada al frente de la Dirección de Cuidados Integrales y Políticas Comunitarias, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. En díalogo con El Grito del Sur, nombra las principales problemáticas que se desprenden del mandato cultural que obliga a las mujeres y cuerpos feminizados a hacerse cargo de las tareas de cuidado. Con un movimiento feminista en alza, un discurso presidencial que incorpora dicha problemática en su agenda, y la creación concreta de una dirección estatal para atender este tema, la agenda de cuidados se ensancha y espera ansiosa la llegada de políticas públicas que reviertan el estado de situación actual. «Tal como lo dijese Evita ‘donde hay una necesidad, nace un derecho’. Entonces, si hay una necesidad del conjunto de la sociedad de ser cuidada, nace el derecho al cuidado», planteó Brandariz.

¿En qué proyectos vienen trabajando desde la Dirección de Cuidados Integrales?

Lo que estamos haciendo es poner en valor el cuidado con varias líneas de trabajo vinculadas al cuidado de la infancia, al cuidado de las personas mayores, al cuidado de las personas con discapacidad y hasta la promoción del género. Cada una de esas líneas está enmarcada dentro de una Secretaría de la Economía Popular, donde abordamos los problemas de las trabajadoras de los movimientos sociales, que son quienes sostienen los esquemas de promoción del género y para quienes orientamos la creación de espacios de cuidado de primera infancia en los polos productivos de la economía popular para que las trabajadoras y los trabajadores puedan laburar y dejar a sus hijos e hijas al cuidado de compañeras, a las cuales se les retribuye económicamente ese trabajo. También la profesionalización del cuidado de personas mayores a través de una diplomatura que llevamos adelante en la Ciudad de Buenos Aires y queremos replicar en otros territorios.

Cuando hablamos de las tareas de cuidado, ¿por qué se dice que ‘no es amor, es trabajo no remunerado’?

«No es amor, es trabajo no remunerado» es una consigna de los movimientos feministas en las calles que da cuenta de cómo en la región, en América Latina, nuestro arribo a la agenda de cuidados es principalmente desde el reconocimiento que el cuidado es el nudo de la desigualdad a la hora de desarrollarnos laboralmente. Las mujeres destinamos tiempo, trabajo y preocupación al bienestar de nuestros niños, nuestras niñas, los abuelas, las abuelas y eso hace que nos desempeñemos en desigualdad de condiciones porque vivimos una doble jornada laboral: en nuestro trabajo formal y luego en el cuidado de nuestros hijos e hijas. Eso hace que en la estructura del mundo del trabajo nos desarrollemos en trabajos feminizados, en trabajos que en general son una extensión de las tareas de cuidado que llevamos adelante en nuestras casas, como es la enfermería o la docencia.

¿En qué situación nos encontramos para discutir la agenda de cuidados?

Actualmente estamos iniciando una etapa en la cual el Presidente dice que hay que comenzar por los de abajo para llegar al conjunto de la sociedad, y en el marco de un gobierno que crea el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad tanto a nivel nacional como provincial, y que a su vez crea una Dirección de Cuidados dentro del Ministerio de Desarrollo Social, es muy importante poder diseñar políticas públicas que permitan poner en valor -en un plano social y otro salarial- aquellas tareas de cuidado.

¿Cómo se aborda esta temática en una sociedad que naturaliza las tareas de cuidado y se niega a reconocerlas como un trabajo?

Es un mandato estructural muy fuerte que hace que no lo concibamos como tal. Por eso es muy importante poder trabajarlo socialmente. Así como los debates que se dieron en función de la interrupción legal del embarazo de algún modo despenalizó socialmente el aborto porque permearon al conjunto de la sociedad y sus instituciones, es muy importante también que la agenda del cuidado pueda generar un debate respecto al tiempo, al trabajo y a la dedicación que llevamos adelante las mujeres por mandato cultural en estas tareas.

¿Qué líneas de trabajo podrían tomarse para evitar que las asignaciones familiares recaigan también sobre las mujeres?

No sólo las asignaciones familiares, también las políticas de transferencia como el Hacemos Futuro y el salario social complementario son percibidas mayoritariamente por mujeres y eso también da cuenta de que a los trabajos más formales acceden los varones y que son las mujeres quienes se quedan a cargo de esas políticas de transferencia. Creo que la valorización económica de este trabajo nos va a conducir a que en algún momento no sean solamente las mujeres las que cuiden, en la medida a que se dé un reconocimiento salarial a estas tareas.

¿La Dirección de Cuidados va a trabajar coordinadamente con el Ministerio de Trabajo y el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades?

Sí, la idea es poder pensar una política lo más integral y transversal posible. Y por supuesto que hay voluntad de trabajar de conjunto. Incluso también está bastante latente la idea de un proyecto de ley vinculado a un sistema integral de cuidados para nuestro país.

¿Cómo debería ser esta ley de la que hablás?

Fundamentalmente tiene que ser una ley participativa, donde todos los sectores podamos poner voz a las necesidades que cada espacio concibe como pilares para que sea efectiva. Hay mucha diversidad de situaciones de trabajadoras y eso me parece que puede sintetizarse en el marco de una ley, en tanto el conjunto pueda participar de la escritura de la misma. Y después, hay un montón de cuestiones que puede contemplar una ley respecto al derecho, al cuidado, a las políticas de transferencia, al reconocimiento económico de las tareas que se desarrollan, la modificación de la normativa actual de la ley de contrato de trabajo de modo tal que no formalice que las únicas que cuidamos somos las mujeres. Esto tiene que ser el resultado de la participación de las distintas trabajadoras en la letra de esa ley.