Coronavirus y villas

Todos los errores juntos: Operativo Detectar en la Villa 21-24

Mal comienzo del operativo DETECTAR en la Villa 21-24, la más grande y poblada de la Ciudad de Buenos Aires: horas de espera, hacinamiento de casos sospechosos, malos tratos, falta de información y un tour por los hospitales de la Ciudad. La Junta Vecinal, las organizaciones del barrio, y la Red de Mujeres y Disidencias pidieron que se adopten medidas urgentes.

Este lunes comenzó el operativo DETECTAR en las Villas 21-24 y Zabaleta con una mala performance: el dispositivo conjunto entre Ciudad y Nación presentó muchas fallas y generó situaciones de preocupación en el barrio. La Junta Vecinal, las organizaciones sociales y la Red de Mujeres y Disidencias expresaron su preocupación por el pésimo desempeño sanitario y exigieron una respuesta inmediata al Gobierno de la Ciudad.

Los vecinos comenzaron a llegar el lunes por la mañana. Horas de cola, poco respeto del distanciamiento social y malos tratos fueron el preludio de una larga y complicada jornada. «Toda la primer mañana la perdieron haciendo prensa», explica Eugenia Nogueira, maestra, vecina del barrio y militante de La Cámpora. Pero si el comienzo fue complicado, el desenlace fue aún peor. Después de terminar los testeos, con todas las personas hisopadas aisladas en el mismo salón de la Casa de la Cultura, las autoridades subieron a los vecinos a un micro sin rumbo que rebotó, por problemas burocráticos, en tres hospitales distintos de la Ciudad hasta llegar al Ramos Mejía, donde fueron amontonados nuevamente en una sala en malas condiciones.

«Les hicieron un tour por toda la Ciudad para colocarlos en un hospital», resume Dagna Aiva, vecina del barrio y militante de la CTA Autónoma. «Fue caótico porque estaban desde temprano y a las once de la noche no tenían los listados en los hospitales. Llevaron a cuatro personas al Argerich y después deambularon por los hospitales hasta que en el Ramos Mejía los dejaron bajar al resto», agrega.

«La doctora me confirmó que el resultado de mi nene de 5 años es positivo», le explica una muchacha joven al policía que la escucha a través de un plástico. Son más de las nueve de la noche y están en la sala de espera del Ramos Mejía aguardando por el resultado del hisopado. Al lado, las otras madres protestan y se contagia el nerviosismo. Hace muchas horas que no tienen información, vienen de recorrer media ciudad en un micro sin condiciones de higiene y esperan un diágnostico que desconocen. De todos los «aislados», apenas tres familias siguen conectadas: el resto se quedó sin batería en las largas horas de espera.

Si bien ni en la 21-24 ni en Zabaleta se detectaban grandes focos de contagio, alertados por la situación que viven la Villa 31 y el Barrio Padre Ricciardelli (ex 1-11-14), las autoridades de Nación y Ciudad lanzaron el operativo de detección temprana y rápida del COVID-19. La puesta en marcha comenzó con una reunión el día sábado: «Nos fuimos con muchas dudas y muy poca claridad sobre el operativo», explica Eugenia.

«Mucha gente piensa que la villa es un mundo paralelo»

«El operativo está mal diagramado. Tiene dos turnos: mañana y tarde. El grupo de la mañana, por lo general, a la noche ya sabe el resultado. Se complica porque el testeo tarda muchísimo y aislan a todas las personas del grupo de la tarde en un mismo lugar», explica Ignacio Álvarez, presidente de la Comuna 4, en diálogo con El Grito del Sur.

Álvarez asegura que «el problema grave es el destrato, la desinformación y la falta de contención de esas familias: no les dicen a dónde envían a sus familiares, no les avisan si dan positivo o negativo y no hay un acompañamiento de esos casos». «Nosotros exigimos información sobre los testeos para saber si alguien les esta haciendo un seguimiento o brindando la ayuda que esas familias necesitan», sentencia.

Desde el Comité de Emergencia y la Junta Vecinal de la Villa 21/24, órgano democrático de gobierno del barrio, también elevaron un comunicado señalando su preocupación por la situación: «tras la catástrofe que viven los vecinos y vecinas de la 31 y del Barrio Ricciardelli, exigimos que el Gobierno de la Ciudad dé una respuesta que cuide a la población de nuestro barrio».

«Queremos una intervención del Gobierno Nacional porque el Gobierno de la Ciudad no hace las cosas como debe. Nunca lo hizo y ahora menos», agrega Eugenia, quien junto con Dagna y Alejandra Abregu, de la CCC, se reunieron para abordar la situación del barrio. Al pésimo desempeño del operativo DETECTAR se le suma que varios sectores de la Villa registran cortes de agua en plena pandemia.

«A los vecinos del norte de la Ciudad le ponen ambulancias del SAME y a los del sur los suben a todos a un micro», concluye Álvarez, comunero del Frente de Todos. La noche vuelve a caer en el sur porteño y la organización del barrio emerge como una llama contra el silencio. En la Villa 21-24 no quieren su Ramona.