Muestra "Topo da pirámide"

Un orgasmo de empoderamiento afrodescendiente

Topo da Pirámide es el proyecto fotográfico de cinco amigas provenientes de distintas partes de Brasil que se encontraron en Buenos Aires. Un registro afrodescendiente que busca romper los estereotipos y la invisibilización de la raza negra.

Las imágenes colgadas sobre las paredes hablan de mundos místicos, sísmico, huelen a placer de encontrarse con una misma y con hermanas, un aquelarre.  Algunas son tomas cenitales donde el enredo de una escalera de caracol hace de escenografìa, otras son fotos al aire libre, en ellas las mujeres se peinan, ríen, gesticulan. Cuando los retratos son grupales hay armonía sin unanimidad, frente a los rasgos particulares algo las une: el color de piel.

Topo da pirámide. Un registro afrodescendiente en Buenos Aires, es un proyecto fotográfico realizado por cinco amigas de diferentes partes de Brasil que se encontraron en la capital porteña. Bruna Stamato es de Rio de Janeiro, Cristiane Vieira de Mina Gerais, Maryana Campello y Shirlene Oliveira de San Pablo y Jorgia Machado de Salvador de Bahía.  Antes de conocerse entre sí, Maryana -Malu de cariño-, la fotógrafa del grupo, ya venía pensando en la idea de trabajar con mujeres negras, pero fue a partir de la potencia del encuentro que el proyecto fue germinando.

Topo da Pirameide Fotos: Malu Campello Fotografía

Topo da pirámide es el entretejido de experiencias compartidas. Encuentros, charlas, dolores, incomodidades, prejuicios y discriminaciones, experiencias compartidas que diluyeron las diferentes procedencias, costumbres y profesiones para potenciar las similitudes. “Al principio me sentía muy sola siendo negra en una ciudad mayoritariamente blanca”, cuenta Shirlene. “Cuando encontrás mujeres negras es un acto de dicha y un gesto político. Cuando nos reunimos pasan cosas como las que están colgadas».

En el patio interno del centro cultural Tierra Violeta -donde se pueden ver las fotografías- las jóvenes no paran de reírse, sentadas en un semicírculo, contestan las preguntas, se hacen comentarios, se festejan entre sí, se van por las ramas, vuelven. La voz de cada una es melodía, la voz conjunta una orquesta.

Topo da Pirámide significa en portugués cima de la pirámide, porque ese es justamente el lugar a donde quieren llegar, de ser invisibilizadas por la sociedad a conquistar el derecho a mostrarse. “La cumbre de nuestra pirámide es el opuesto a donde somos vistas socialmente. Es el lugar que cada una tiene que ocupar. Por eso este proyecto es una celebración”, explica Bruna.

Topo da Pirameide Fotos: Malu Campello Fotografía

El día que tomaron las fotos participaron -además del grupo de amigas- mujeres negras de distintas procedencias y edades. Oriundas de Nueva Guinea, Cuba, República Dominicana, Brasil y afro-argentinas se reunieron en una terraza en el barrio de La Boca y vestidas con ropas y telas blancas generaron lo que ellas mismas definen como un orgasmo de empoderamiento afro feminista.

“Cuando las conocí a ellas yo ya venía haciendo un trabajo de concientización de qué es ser negra”, cuenta Malu. “Para mi fue fundamental porque la fotografía es muy racista. Los rollos analógicos no están hechos para tomar fotos de gente negra, si tenés mucha iluminación el negro brilla, si tenes poca iluminación el negro no aparece, el negro es ausencia de luz. Eso es lo que más me problematizaba cuando estudiaba, pensar cómo entrar en ese mundo siendo negra, a pesar de que el arte siempre sea una cuestión de élite”.

“Yo propuse que usemos telas blancas por la idea del contraste”, explica Jorgia. “Ese día fue hermoso, nadie dirigía a nadie, ni quería pasar por encima de la otra, todas nos sentíamos hermanas. Las mujeres se peinaban y maquillaban entre sí, intercambiamos las gafas de sol, la ropa, las telas, me da piel de gallina hasta hoy en día”.

“Además de ser para ver, el trabajo es para nosotras”, agrega Malu y expone: “la idea es sufrir ahora, entender quiénes somos, cómo nos formamos, qué nos paso en la infancia, nuestra posición, nuestros privilegios, leer, ver películas, hablar entre nosotras, eso también es parte de hacer un proyecto creado a muchas manos”.  Deshacerse del sufrimiento es también derretirlo al calor de la amistad, desafilar el dolor de tanto repetir las frases que en algún momento punzaron la piel como lanzas.

 

Topo da Pirameide Fotos: Malu Campello Fotografía

“Identificarse como mujer negra es reconstruir una identidad fragmentada y reivindicar una negritud que siempre nos fue negada. La representatividad de mirar las fotos y entender que ninguna de nosotras creció viéndose en ningún lado, en las publicidades, en la tele, en los museos, me pareció super interesante. No queremos ser un estereotipo, no porque no podamos, sino porque somos mucho más”, opina Bruna, quien se encarga de la comunicación del colectivo y -según sus compañeras- es la más calma del grupo.

Las cinco coinciden en que ser mujer negra en Argentina es difícil. La falta de representatividad en la cultura, en los medios y en la política -que poco a poco aflora gracias a los movimientos feministas- , tiene su contracara en la exotización. “En Argentina se dice que no hay negros, pero no es real. Hay comunidades en Rosario que es a cuatro horas de acá, otras en Avellaneda. Pero recién hace pocos años se incluye en el censo argentino a los afro descendientes. Antes se decía “trigueño”. ¿Qué es trigueño? No sé, pero muchas personas se terminaban identificando así”, cuenta Cristiane.

Shirlene es cantante y en su profesión también debió chocarse contra el muro de los prejuicios.  “Yo canto tango y me ha pasado de haber preparado una performance y que al llegar al show el presentador diga ‘¿Venís a sambar para nosotros?’, como si la mujer negra sólo pudiera bailar bien y cantar samba. Sin embargo, el origen del tango es negro, ya que nació de la fusión de la gente que tocaba percusión en las orillas del Plata y después se mezcló con la inmigración proveniente de Europa. La palabra tango es una palabra negra, pero hoy en día sigue siendo chocante que las personas negras lo canten”, dice la joven.

Topo da Pirameide Fotos: Malu Campello Fotografía

Brasil fue el último país del continente en abolir la esclavitud (1888). La comunidad negra representa más de la mitad de la población, pero es también la que más muere, menos gana y más sufre con el desempleo; ser negro en Brasil es cargar con un estereotipo que retroalimenta la marginalidad y la pobreza de estos sectores.

“En Brasil el racismo es muy fuerte, pero está tan internalizado que si no sos negra es difícil que lo sientas”, dice Malu. “Los mismos negros intentan no ser negros, se alisan el pelo porque sino no los toman en los trabajos. El sistema es tan excluyente que no te das cuenta, si no te dan un trabajo no te van a decir que es por negra porque ni ellos lo van a registrar.  Directamente van a pensar que no encajás, que no tenés buena presencia porque ser negra está asociado a ser fea, a no ser inteligente, no haber estudiado. Por ser negra ya llevás una sospecha, te siguen en el aeropuerto, si vas en bici y te paras al lado de un auto suben la ventanilla”.

Topo da Pirameide Fotos: Malu Campello Fotografía

Los estereotipos de belleza hegemónicos no contemplan a las mujeres de raza negra. Mientras las grandes marcas de ropa toman sus tradiciones y costumbres para imponer tendencia, en los medios masivos de comunicación quedan entre la invisibilización y la hiper sexualización. Así el cuerpo negro, atravesado por una historia de lucha y esclavitud, queda reducido a la mirada foránea.

“En Brasil nunca fui vista como una mujer bonita. Cuando empecé a venir acá me decían que yo era linda y pensaba: ¿por qué allá no y acá sí? Después me di cuenta también que pasaba de ser linda a ser un objeto sexual. La belleza se mezclaba con la exotización”, comenta Malu.

“El estereotipo de belleza es universal. Hasta las asiáticas se hacen cirugías plásticas para no tener los ojos tan achinados. Las mujeres negras no están en las publicidades, en las películas, en las propagandas de crema para la piel, maquillaje, ropa, como si nosotras no usáramos. Dos años atrás Nivea vendía productos para aclarar la piel de mujeres en África, es un proyecto de borrar una etnia”, dice Jorgia, quien lleva todo su cabello recogido en trenzas azules.

Topo da Pirameide Fotos: Malu Campello Fotografía

Cristiane trabaja en una empresa de cosméticos y con el tiempo fue investigando hasta llegar a formar su propia marca por la falta de oferta de productos para pieles y pelos de mujeres negra. “Si piensan que no existimos no van a hacer productos para nosotras”, asegura. “También es importante pensar en la apropiación cultural. Una mujer negra con trenzas trae consigo su tradición y está reivindicando algo por lo cual a nosotras nos marginaron muchos años, pero luego una persona blanca se hace las trenzas y tiene estilo”.

La muestra Topo da Pirámide cierra el próximo sábado 30 de marzo con un evento en el centro cultural Tierra Violeta, en Tacuarí 538. El norte del grupo es seguir expandiéndose y trabajando en éste y otros proyectos, seguir escalando sobre las limitaciones y los prejuicios, fortaleciéndose entre todas y haciéndose de base mutuamente para que la compañera conquiste su propia cima de la pirámide.

Topo da Pirameide Fotos: Malu Campello Fotografía