Quinta Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil

«Hubo 6500 casos de gatillo fácil desde la vuelta a la democracia»

Familiares de las víctimas del gatillo fácil marcharon de Congreso a Plaza de Mayo para denunciar nuevamente el asesinato de los pibes y las pibas de los barrios populares a manos de las fuerzas de seguridad.

En el marco de la 5ª Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil, familiares de víctimas de la represión y violencia institucional protagonizaron una nueva jornada de lucha para exigir justicia por el asesinato de miles de pibes y pibas de los barrios populares. Los nombres de cada uno y cada una se gritaron a viva voz una y otra vez para reclamar que se frenen «estas prácticas represivas que se multiplican a lo largo y a lo ancho de todo el país».

Dolly Sigampa, madre de Ezequiel Demonty. Foto: Nicolás Cardello

La movilización partió del Congreso de la Nación y reunió a decenas de organizaciones políticas y sociales que avanzaron sobre Avenida de Mayo hasta llegar a la Plaza de Mayo. Con una larga bandera de arrastre que rezaba «Basta de gatillo fácil», madres, padres y familiares de las víctimas encabezaron la marcha de la que participaron distintos dirigentes y referentes políticos y de derechos humanos.

Banderas, remeras, camperas, carteles y retazos de tela con el rostro de cada joven asesinado por las fuerzas de seguridad irrumpió en el centro de la Ciudad de Buenos Aires como la representación vigente de una lucha histórica que pide a gritos que se deje de criminalizar, torturar y asesinar a los pibes y las pibas de los barrios más humildes de nuestro país. Muy lejos del silencio al que se acostumbra tras la muerte de un ser querido, los y las familiares de las víctimas han decidido hacer del duelo un momento activo y colectivo para transformar el silencio en gritos rabiosos de justicia que pongan fin a décadas de impunidad.

Foto: Nicolás Cardello

No hubo ni un solo caso sin mencionarse: recordaron la Masacre de San Miguel del Monte, el asesinato de Vicente Ferrer y Jorge Gómez en las últimas semanas, la Masacre de Pergamino, Rafael Nahuel, Santiago Maldonado, Lucas Cabello, Silvia Maldonado, la «China» Cuellar, entre otros. «La impunidad que pretenden imponer es lo que nos hace seguir dándole continuidad a esta iniciativa de los familiares de víctimas del gatillo fácil y la represión estatal», dijo una de las madres en el escenario frente a la Casa de Gobierno.

La movilización no se realizó únicamente en la Ciudad de Buenos Aires, sino que fue replicada en distintas ciudades y provincias: Córdoba, San Miguel de Tucumán, Mar del Plata, Rosario, Mendoza, Catamarca, Jujuy, Salta, Corrientes, Santiago del Estero, Chaco, Posadas, Río Negro, Neuquén, El Bolsón, Cipoletti, La Plata y Bariloche. Con los puños en alto, miles de voces se alzaron contra la violencia institucional en todo el territorio argentino.

Foto: Nicolás Cardello

Una vez que llegaron a la Plaza de Mayo, los y las familiares se mantuvieron al frente del escenario y algunes de elles fueron los encargados y las encargadas de dar lectura al documento oficial de la movilización. Mediante un extenso comunicado consensuado entre los colectivos que organizan la jornada todos los años, denunciaron no sólo la violencia explícita de las fuerzas de seguridad sino también el encubrimiento mediático y la complicidad judicial que cubre cada caso con un impenetrable manto de impunidad. «Cuando los grandes medios hablan de una persona asesinada por la policía no se refieren a una vida, festejan la muerte de un negro villero de mierda», declararon.

Niños y niñas de todas las edades, hombres y mujeres con distintas historias y recorridos confluyeron en las calles porteñas para ponerle un freno a la política represiva del gobierno de Cambiemos, uno de los que registra los mayores índices de violencia policial y represión estatal. «El gatillo fácil, ya sea con fusilamiento o bajo las ruedas de un patrullero, es una forma de represión del Estado, así como las causas armadas, las desapariciones forzadas y las torturas seguidas de muerte en cárceles, comisarías e instituciones de menores», aseguraron.

Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga. Foto: Nicolás Cardello

En la actualidad se releva un caso de gatillo fácil cada 21 horas y ya suman un total de 6500 los casos notificados desde la vuelta a la democracia en el año 1983. En este sentido, las familias señalaron que «no se trata de excesos individuales de algunos policías sino que son las fuerzas represivas del Estado que cumplen con su rol. Lo cumplieron bajo la dictadura genocida y lo cumplen desde 1983 bajo el régimen constitucional».

Por otro lado, apuntaron también contra las declaraciones y el posicionamiento adoptado por el Gobierno nacional desde el inicio de su mandato: «La defensa explícita inaugurada por el presidente Macri y su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, del asesinato de Juan Pablo Kukoc por el policía Chocobar, siguió con Carla Céspedes, asesina de Ariel Santos, Esteban Eduardo Ramirez, asesino de Segundo Gómez, como antes lo hizo con el asesino de Rafael Nahuel. Esa seguidilla muestra con facilidad cómo el gatillo fácil es una política de estado».

Foto: Nicolás Cardello

Además, fueron categóricos respecto del contexto en el que suceden este tipo de hechos que terminan con la vida de de pibes y pibas a diario: «Ninguno de los asesinos se encontraba en peligro al momento de gatillar y estas absoluciones quieren dejar bien en claro que la propiedad privada vale más que una vida. La eximición de toda responsabilidad al represor y para el ciudadano común que ejerce justicia por mano propia, convierte a todos en jueces y fiscales que aplican la pena de muerte.

Si bien Norita Cortiñas no estuvo presente en la marcha, envió un audio en apoyo a la jornada de lucha que se desarrolló en la tarde de ayer. “No solo luchamos por la sentencia, luchamos tambien por la conciencia. No es fácil ni corto el camino que emprendimos pero, tal como nos enseñaron las Madres de Plaza de Mayo, la única lucha que se pierde es la que se abandona”, reflexionaron.

Para finalizar hicieron un balance del trayecto recorrido hasta el momento y las enseñanzas que adquirieron con el tiempo: “Aprendimos a transformar el dolor en lucha para saber qué es lo que tenemos que decir frente al asesino de nuestros pibes y nuestras pibas”.

“Jamás podrán silenciar nuestro grito porque sale de las entrañas. Justicia habrá cuando dejen de matar a nuetros pibes y nuestras pibas”, concluyeron enfáticamente. La jornada finalizó con cánticos contra Bullrich y otros familiares subiendo al escenario para dar cuenta de sus casos y las historias de vida que arrastran.