Día del trabajador y la trabajadora

Teletrabajo o el buzón que te siguen vendiendo

En Argentina se estima que el teletrabajo engloba a 3 millones de personas. Sin embargo, la cuarentena obligatoria puso en tela de juicio los abusos de poder que permite este sistema laboral. En el día del trabajador y la trabajadora nos preguntamos: ¿El trabajo online nos está protegiendo?

En su texto “Por amor o por la fuerza”, Cristina Morini explica cómo luego de desarmarse el modelo taylorista del trabajo, la máquina se integra al cuerpo del propio trabajador convirtiendo la fuerza de trabajo en capital humano. En ese cambio de paradigma se instala una lógica de trabajo donde éste se vuelve inmaterial y es realizado solamente con la mente; un tipo de trabajo que siempre exige más de lo que remunera.

En nuestro país, desde antes que se decretara el aislamiento social, preventivo y obligatorio, muchas empresas ya habían mudado los trabajos a los hogares de sus empleados para continuar sus funciones a través del teletrabajo. Si bien hay ocupaciones que se pudieron adaptar fácilmente a esta metodología, algunas se vieron afectadas y otras directamente anuladas o expuestas a prolongadas faltas de ingresos e incluso a la posibilidad de perder su trabajo.

Ilustración: Esther Aarts

Según el informe “Evaluando las posibilidades y los límites del trabajo en Argentina en tiempos de COVID-19” de CIPPEC, el teletrabajo en Argentina podría alcanzar a más de 3 millones de trabajadores sobre un total de 11,7 millones relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). «De este porcentaje, entre el 27 y el 29% tiene el potencial para realizarse desde el hogar, pero si se considera la cantidad de hogares con uso efectivo de computadoras, la cifra se reduce al 18%. Esta muestra también puede disgregarse por género, ya que el potencial para el teletrabajo ronda entre el 32%-34% en el caso de los hombres, y desciende a 24%-25% en el caso de las mujeres, un síntoma más del techo de cristal que hace que el 70% de los roles directivos, que tienen potencial de teletrabajo relativamente alto, sean llevados a cabo por hombres».

El teletrabajo no sólo produce más estrés por el cambio de formato, especialmente en un momento de tanta movilización social. También genera una alteración en la relación entre la casa y la oficina, imposibilitando diferir lo privado de lo público, flexibilizando las jornadas laborales y muchas veces, afectando la calidad del trabajo ya que muchas personas (en su mayoría mujeres) tienen que realizar trabajos de cuidado a la par. Además, se genera algo que podemos llamar  el «síndrome de la pared blanca”, que sucede cada vez que uno debe recortar el sector de la casa más adecuado para exponer en una teleconferencia, incluso si no los hay.

Frente a este panorama surgieron gran cantidad de proyectos de ley para controlar el teletrabajo. Uno está a cargo del senador por La Pampa, Daniel Lloveras. La normativa propuesta por el integrante del Frente de Todos busca delimitar pautas en el teletrabajo y multar a los empleadores que continúen con exigencias hacia sus trabajadores por fuera del horario laboral. Además propone que se generen convenios colectivos adecuados a cada ocupación.

Ilustración: Esther Aarts

Otro proyecto surge de la senadora rionegrina del Frente de Todos, Silvina García Larraburu, que tiene como objetivo darle un marco regulatorio al trabajo online tanto en el sector público como en el privado.

Por su parte, Darío Martínez, diputado nacional del Frente de Todos, presentó otro proyecto basado en dos resoluciones del ex ministro de Trabajo Carlos Tomada. En el mismo se exige que el teletrabajo tenga los mismos derechos que el trabajo presencial y que esté sujeto a la voluntad del empleado. Además se deberá establecer que, en el caso de que el trabajador utilice su propio equipamiento, debe ser compensado económicamente por ello.

Ilustración: Esther Aarts

Por el lado de Juntos por el Cambio, la senadora Gladys González presentó un proyecto que continúa en la misma línea de reconocer los derechos de los trabajadores y subraya la importancia de la privacidad, reversibilidad y descanso, pero su perspectiva de género es, cuanto menos, cuestionable. El proyecto integra como opción que luego de un parto o una adopción, la persona pueda optar por el teletrabajo durante los 12 meses posteriores y hace foco en que la modalidad virtual podría ser una herramienta para lograr la igualdad de género en el ámbito laboral. Además, en los fundamentos del proyecto se explica: “Es importante resaltar la perspectiva de género del proyecto que le permite a las mujeres compatibilizar su vida laboral y familiar, al tiempo que promueve la corresponsabilidad del cuidado indispensable para que ello ocurra a través de condiciones laborales flexibles que hacen a la igualdad de género en el mundo del trabajo”.

Sólo es cuestión de tiempo para saber si, durante la pandemia, el cuerpo que es protegido en el aislamiento no será engullido por la máquina.