Casi un millón de personas sufren esta dificultad en nuestro país

La pandemia agrava la exclusión de la comunidad sorda

El creador del primer festival de cine en Argentina organizado por personas sordas (FicSor), Federico Sykes, habló con El Grito del Sur sobre la situación de la gente sorda en contexto de pandemia. ¿Por qué los canales de televisión, el uso de barbijos y el sistema de salud profundizan las desigualdades existentes?

La palabra “Zoom” en Lengua de Señas Argentina (LSA) se grafica con un gesto similar a la Z del Zorro, pero que evoca a las hileras de ventanas que aparecen en la pantalla. Y ahí, en la pantalla de la computadora, estaban Rosana Famularo, intérprete de LSA, y Federico Sykes, director de cine y creador del FicSor, el primer festival de cine en Argentina organizado por personas sordas. “No pongas sordomudo”, aclara Sykes apenas empezó la entrevista. La incapacidad total o parcial de escuchar no implica que exista un problema con las cuerdas vocales.

En Argentina cerca de un millón de personas son sordas y, en el contexto de la pandemia de Covid-19, se profundiza la discriminación hacia éstas: la falta de intérpretes o de subtítulos para personas sordas en canales de televisión; la imposibilidad de leer los labios con el uso de tapabocas y la poca preparación que hay en el sistema de salud para atender a personas sordas son algunos de los problemas que Sykes menciona.

Barreras para la accesibilidad en los medios de comunicación

Sykes cuenta que se enteró de la pandemia y el aislamiento gracias a sus padres. “En esta situación de emergencia por el Covid, las personas sordas dependen de las oyentes para preguntar qué pasa. Hay personas sordas que son independientes y viven solas en sus casas y tienen que buscar personas oyentes para que las ayuden. Esto está causado por algunas barreras que existen”, señala.

Entre las barreras que mencionó Sykes, está la ausencia del recuadro con un intérprete de LSA en algunos canales de televisión. “Muchas veces veo que el recuadro está tapado por el zócalo -afirma el director de cine-. Las personas sordas nos estamos quejando para que haya cuadro de intérprete, incluso la Asociación Argentina de Sordos ha mandado notas a medios de comunicación. Aunque hay pequeñas mejoras, ya pasaron tres meses (desde el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio) y todavía siguen los problemas”.

Otra dificultad que señala Famularo son los closed captions. Estos subtítulos se hacen en vivo, suelen ser de muy baja calidad, se pierden algunas palabras y, en consecuencia, el mensaje no se transmite de forma clara.

Los problemas de accesibilidad también están en los medios online. Sykes cuenta que está tomando un curso sobre accesibilidad web y, a partir de la cursada, descubrió que “hay un mundo de páginas web que tienen muchas fallas y no están preparadas para personas sordas, ciegas o con otras discapacidades”. “Por ejemplo, a veces faltan los videos con información en lengua de señas. En Argentina, al 90 por ciento de las personas sordas les cuesta comprender textos escritos y prefieren ver el mensaje en lengua de señas, que es el idioma de las personas sordas”, explica Sykes a El Grito del Sur.

Según el director de cine, es necesario que los textos en internet sean breves, claros y con palabras simples porque “si las personas sordas tienen que leer mucho texto se confunden”. “Hay que reducir textos y agregar lengua de señas, que permite (brindar) una información más concisa”, apunta.

En el caso de las filminas del Presidente, Sykes opina que, aunque “los dibujos ayudan a las personas sordas y facilitan la comprensión”, algunas generan dudas porque falta información para saber a qué corresponde cada gráfico. “No se termina de entender cuál es el número de muertos, los recuperados o los casos positivos. Habría que aclararlas un poco más”, sugiere.

Incomunicades por falta de intérpretes

En diálogo con este medio, Skyes señaba rápido, la vehemencia o el ritmo de sus gestos marcan el tono de sus expresiones. Mientras tanto, Famularo interpretaba al director de cine y todo iba bien, hasta que la conexión de Internet falló y se congeló la pantalla. O hasta que llamaron por teléfono a Famularo y la comunicación se interrumpió por falta de intérprete.

Ese problema se repite en muchos ámbitos: la falta de personas que puedan comunicarse en LSA. Según Sykes, los hospitales no suelen contar con intérpretes de LSA y tampoco están preparados para recibir a personas sordas. “Un amigo sordo se sentía mal y parece que tenía síntomas (de Covid). En el hospital, el doctor, la enfermera, todos se miraban porque no se podían comunicar con él. Mi amigo intentó usar el celular para comunicarse, pero el médico le dijo que, debido al protocolo, no podía usarlo”, cuenta el director.

Recién dos meses después y gracias a la intervención de la Confederación Argentina de Sordos (CAS), la Agencia Nacional de Discapacidad y el Ministerio de Salud le permitieron al hombre usar el celular en la consulta médica.

Barbijos ¿inclusivos?

Luego de que se hiciera obligatorio el uso de tapabocas en la Ciudad de Buenos Aires, el vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, promovió el uso de un barbijo inclusivo con la particularidad de tener la sección del medio hecha de un plástico transparente y que permitiría a personas hipoacúsicas leer los labios. Incluso se hizo una petición online para pedir que sea de uso obligatorio para trabajadores esenciales, incluyendo a los políticos.

Famularo aclara que este barbijo es muy útil para las personas hipoacúsicas porque saben leer los labios. Sin embargo, agrega la intérprete, este barbijo no soluciona las barreras comunicacionales con las personas sordas porque no todas ellas saben leer los labios. Otro aspecto del barbijo es que, al tener que usarse ajustado al rostro, no brinda mucho espacio para que el usuario module.

“Para mí el barbijo transparente es algo positivo -opina Sykes-. Pero hay que recordar que no todas las personas sordas saben leer los labios, a veces les cuesta y algunos prefieren la lengua de señas”. Además, agrega, al igual que pasa con los anteojos, el barbijo puede empañarse.

Es una lengua, no un lenguaje

“El mito que se derriba en la primera clase de Lengua de Señas Argentina (LSA) es que cada país tiene su propia lengua de señas”, cuenta Romina Aza, lingüista y docente del Centro Universitario de Idiomas (CUI) y de Señas de Comunicación. “Es un mito muy común creer que es universal, aunque sí tienen algunos aspectos en común”, señala.

Aza explica que todas las lenguas de señas “comparten rasgos no manuales”, es decir, todas se valen de una combinación de gestos para comunicar. La combinación de gestos varía incluso para un mismo verbo, dependiendo del modo gramatical que se quiera utilizar: no es lo mismo la combinación de gestos para el modo condicional que para el modo imperativo.

Otra similitud entre las distintas lenguas de señas es el uso del espacio. “Es difícil de explicar (sin soporte visual) -precisa Aza-. Pero vos utilizás el espacio para decir, por ejemplo, si un avión está despegando o aterrizando. (El uso del espacio) tiene tanta relevancia como tienen los morfemas”.

El curso de LSA del CUI funciona hace dos años, tiene cuatro niveles y ahora las clases pueden tomarse de forma virtual. “Son grupos hermosos porque, en general, la gente que se anota es muy comprometida. Hay médicos, asistentes sociales, psicólogos, docentes. Todas personas con conciencia de ayudar al otro”, describe la docente.

Para Aza, es importante destacar que la LSA es una lengua y no un lenguaje. “Si le decís lenguaje, la estás bajando de categoría. Lenguaje es el audiovisual. Al igual que el español, el italiano, el inglés, el francés, la LSA es una lengua”, afirma.

El CUI, además, publicó una serie de recomendaciones para que, a la hora de interactuar con una persona sorda, se pueda establecer una comunicación: siempre hacer contacto visual; ser claros cuando se habla; no elevar la voz; ser muy gestuales y expresivos porque ayuda a la comprensión; mirar de frente; no mascar chicle; no taparse la boca ni girar la cabeza; no acercarse por detrás ni tampoco pasar en medio de dos personas cuando están señando.