La disputa por la visibilidad en el lenguaje

El lenguaje inclusivo avanza en las instituciones del Estado

La semana pasada, AySA y el Banco Central aprobaron protocolos para el uso del lenguaje no sexista y la comunicación inclusiva. Mientras el uso de la E crece a pasos agigantados, el Estado busca responder con políticas a la interpelación de la juventud.

“Cuando uno dice «todes», no está haciendo el ridículo como algunos creen. Le está hablando a algunes a les que nunca se les ha hablado”, dijo Alberto Fernández durante la presentación del Plan Integral Contra las Violencias de Género. El Gobierno, además de muchos cambios y una marcada perspectiva de género, trajo consigo la disruptividad del lenguaje inclusivo que, impulsado por la marea verde, fue capaz de cuestionar hasta a las instituciones más tradicionales, entre ellas las del Estado. Como el propio Fernández aceptó en varias ocasiones, aunque aún le cueste integrar la E, el lenguaje no puede seguir invisibilizando a un gran sector de la población, menos aún teniendo en cuenta las leyes de avanzada sancionadas en nuestro país.

En esta línea, Malena Galmarini, presidenta de AySA, presentó la semana pasada junto al ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, la “Guía rápida para un uso no sexista de la lengua. Hacia una comunicación con perspectiva de género”, insumo que se aplicará de ahora en adelante en Agua y Saneamientos Argentinos. El documento comienza explicitando que la universalización del genérico masculino no contempla a otras identidades y forja mentalidades erróneas. Luego enumera algunas recomendaciones para evitar el androcentrismo en el lenguaje, entre ellas usar adjetivos genéricos, quitar los pronombres cuando sea posible, desdoblar los artículos y sustantivos y utilizar la regla de la inversión, es decir sustituir la palabra dudosa por el género opuesto para comprobar que de esa forma resulta inadecuada y se trata de un enunciado sexista. Además, el documento deja en claro que el nuevo Código Civil habla de “personas” y no de “hombres y mujeres” .

Pero esto no es todo: apenas cinco días después, el Banco Central aprobó la «Guía del Banco Central de la República Argentina para una Comunicación Inclusiva». Con un espíritu similar a la iniciativa de AySa, el Banco Central explica que se debe aplicar el uso del femenino en cargos, títulos y ocupaciones, pero además se arriesga a un punto más radical con la integración de la temidísima E.

“La E representa la lucha política de las organizaciones sociales, de las disidencias, de buena parte del colectivo LGTTTBIQ+ por visibilizarse y dejar el estado de opresión. Asumir esa expresión significa sumarse a esa batalla identitaria y cultural”, explicó a este medio Cynthia Ottaviano, periodista, doctora en Comunicación y directora del posgrado en Comunicación y Derechos Humanos de la UNDAV.

El lenguaje inclusivo es un tema difícil, capaz de dividir aguas en la cena familiar. Mientras les conservadores se espantan y apelan a la RAE -una institución que insiste en rechazarlo-, el inclusivo avanza sumando adeptes de todas las edades y géneros dentro y fuera del Estado. Inclusive la jueza Elena Liberatori utilizó la palabra niñes en un fallo, lo que le costó una denuncia ante el Consejo de la Magistratura de parte de “Abogados por la vida”.

“Que el propio Estado vaya asumiendo estas formas de enunciación que tienen su propia marca identitaria es muy similar a lo que ocurrió con la Ley de Matrimonio Igualitario. En la sociedad ya existía la unión entre personas independientemente de su sexo y orientación sexual. Entonces la legislación viene a cuenta del reconocimiento de esa realidad efectiva convirtiendo en legal lo que ya era real”, agrega Ottaviano, autora del libro ‘Derecho humano a la comunicación. Desconcentración, diversidad e inclusión.’ “Creo que si (el lenguaje inclusivo) viene acompañado con debates, construcciones colectivas, consensos y políticas endogámicas y exógenas para una verdadera igualdad, se debe ir traduciendo en el acceso y la participación de mujeres y  diversidades a todas las áreas de las instituciones que adhieran al lenguaje no sexista y a la posibilidad de una comunicación inclusiva”.

PresidenTA y la inclusión en los ámbitos políticos

«PresidenTA, TA,TA», repitió la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando el senador José Mayans la trató en masculino, excusándose en que éste sería el término universal. Sin embargo, el uso del femenino en los cargos legislativos no es un invento extraño de la mandataria, quien durante la votación por la Ley de Aborto en el Senado, llamó a incluir “feminista” en el lema “nacional, popular y democrática”. Ya la “Guía por el uso de un Lenguaje no Sexista e Igualitario”, elaborada por la Cámara de Diputados, manifiesta: “Se utilizarán, siempre que sea posible, las denominaciones de cargos, profesiones y titulaciones en femenino, mediante el morfema de género y/o el artículo. Cuando su uso se haga en plural, se evitará la utilización del genérico masculino”. Además, este documento explica que es tal la imparcialidad en el habla que el masculino se utiliza inclusive en los artículos que se encargan de establecer las licencias por maternidad. Finalmente aclara que las barras diagonales (los/las) quedan indicadas para formularios o algunos encabezados y que no podrá usarse en los documentos la arroba @, porque al no ser un signo lingüístico, dificulta su lectura.

Sobre el argumento anquilosado de escudarse en la institución europea, la guía de les diputades es vanguardista cuando explica: “Es habitual que quienes se oponen a su erradicación y/o reemplazo esgriman argumentos sobre las premisas de la Real Academia Española (RAE). Al respecto, sostenemos que en el contexto social actual, el uso abusivo de dicha fórmula, más allá de cuáles sean sus soportes argumentativos, obstaculiza el pleno establecimiento de la igualdad entre mujeres y hombres que, así como es reconocida en nuestro marco legislativo, es imperioso que sea cristalizada en todas nuestras acciones, entre las que se incluyen las expresiones orales y escritas”.

“Si creemos en el poder performativo de la palabra, estas instituciones deberían ir hacia prácticas que conlleven justicia social.  Entonces sí podríamos pensar en un Estado que se comience a estructurar en la búsqueda de la erradicación de las violencias que son generadas a través de las distintas exclusiones», agrega Ottaviano. «No se trata de ser políticamente correcto, sino de incorporar en las prácticas cotidianas, en las lógicas de producción y en las lógicas de encuentro, políticas que sean verdaderamente inclusivas. Esto supone la integración de todos los colectivos sexuales: las personas discapacitadas, niños, niñas y adolescentes, migrantes, afrodescendientes, el campesinado, los pueblos originarios. Las nuevas democracias vienen con justicia social y la posibilidad de construcción de un mundo nuevo”, concluye Ottaviano, reconocida por la OEA por su aporte a políticas públicas efectivas para la equidad de género.

Hoy, cuando a les pibis les sale de manera automática la E, es responsabilidad de les adultes desarmar las estructuras tradicionales que traen mucho de vetustas. Y si el lenguaje crea mundos, como dice Ottaviano, generar una nueva forma de nombrar puede construir uno más justo.