Se cambia el ciclo lectivo de los cursos de ingreso

Cursar online: ¿qué sucede con el curso de ingreso al Pelle?

La vuelta a las aulas es aún incierta: mientras algunas escuelas preparan protocolos, otras continúan con el formato online. Recientemente, los colegios preuniversitarios avisaron que modificarán el calendario lectivo de sus cursos de ingreso. El Grito del Sur habló con alumnes, egresades y profesores para saber cómo afectará esto en el ingreso al Colegio Carlos Pellegrini.

Aunque el Ministro de Educación, Nicolás Trotta, aseguró que no iba a apurar la vuelta a clases -y una lluvia de memes sobre su apellido circuló en Twitter-, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires comenzaron a correr diferentes versiones sobre el inicio del ciclo lectivo. Si en algunos colegios ya se empezaron a elaborar  protocolos, en otros, como es el caso de las escuelas medias pre universitarias que dependen del Consejo Superior de la UBA, aún hay dudas sobre cómo volver a ocupar los pupitres de madera y encontrarse con les compañeres de carne y hueso.

Recientemente, las autoridades del Colegio Carlos Pellegrini y del Nacional Buenos Aires informaron que los cursos de ingreso correrían su calendario lectivo, comenzando en septiembre de este año, para tomar exámenes entre diciembre y febrero del 2021, ya que se especula que en esas fechas se podrán realizar de manera presencial. Esto supondría que toda la preparación para el ingreso deberá cursarse por ahora en forma virtual.

Creado en 1890 por el entonces vicepresidente homónimo, la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini (más conocido como “el Pelle”) es uno de los colegios más prestigiosos de CABA y su curso de ingreso tiene fama de ser especialmente complicado. En años normales, la postulación dura todo el ciclo lectivo del último año de la primaria y se divide en cuatro materias: matemática, lengua, geografía e historia. A lo largo de ese tiempo se toman diferentes evaluaciones que luego permiten ubicar a quienes alcanzaron el puntaje mínimo por orden de mérito para ocupar las vacantes disponibles. El total de inscriptos anuales ronda los 1500, de los cuales ingresan alrededor de 450.

Ante las dificultades que supone el ingreso, la mayoría de quienes desean pertenecer a la prestigiosa institución optan por sumar profesores particulares o academias específicas que corren por su cuenta, mientras quienes no cuentan con esa posibilidad tienen como complemento clases de apoyo gratuitas dictadas por alumnos de 4to y 5to año. Sin embargo, Trinidad Mato, la actual presidenta del Centro de Estudiantes, asegura que son insuficientes. “Si vas a un instituto o profesor particular es mucho más fácil porque tenés un espacio de encuentro que se traduce en un lugar para resolver dudas, pensar ejercicios y hacer simulacros de examen. En caso de que no puedas pagarlo, se abren dos opciones: una es que puedas dedicarle el tiempo que se necesita a estudiar y que entres. ¿Hay chances de que suceda? Sí. ¿Son pocas? También. La otra es que no puedas dedicarle ese tiempo por razones que creo que no es necesario explicar, entonces se reducen mucho más las posibilidades, se vuelve muy complejo y muchísimo más restrictivo”. Otro dato que deja en claro las diferencias para acceder al colegio es que cada alumno debe comprar sus propias guías de estudio, que el año pasado tenían un costo de $450 cada una.

“Si el curso de ingreso se piensa como una instancia preparatoria y de equiparación entre les aspirantes, está bien. El problema es que se carga a les pibes con una presión delirante, exponiéndolos a situaciones que hoy en día son inadmisibles desde un punto de vista pedagógico. Yo me imagino lo difícil que debe ser todo eso trasladado a la virtualidad, donde las exigencias se mantienen pero se pierde lo más importante, que es tejer las redes con tus compañeros de cursada”, explica Catalina Kaplan, egresada del Pellegrini y actual presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Carlos Oroz es profesor de historia del Pellegrini y del curso de ingreso. Explica que hasta ahora los contenidos que se iban subiendo a las plataformas eran orientativos y no obligatorios pero que, a partir de septiembre, comenzará oficialmente la cursada de manera online. Por el nuevo formato, los contenidos estarían reducidos al mínimo y las evaluaciones -en vez de ser tres en el caso de matemática y lengua, y dos en el caso de geografía e historia- pasarían a ser una por materia. Oroz sabe lo difícil que es dar clases virtuales y asegura que el ida y vuelta de la clase presencial no se puede equiparar. “El ida y vuelta del aula es irreemplazable: así, vos no sabés si les chiques están aprendiendo o no y tampoco pueden tener la convivencia entre compañeres. Además, se juegan las dificultades de estar encerrades: les chiques muchas veces se pelean con les padres o no tienen computadoras ni lugar donde estudiar. No es lo mismo estudiar en la casa que en el aula”.

La frase ya parece un latiguillo, pero la pandemia sólo recrudeció las desigualdades preexistentes. El dificultoso acceso a internet, los cortes intermitentes, la necesidad de contar con computadoras -que en este momento muchas veces se deben compartir entre varios miembros de la familia-, la falta de lugares tranquilos para estudiar y la crisis económica recrudece la brecha entre les que quedan dentro y fuera de la puerta del edificio de la calle Marcelo T. Alvear.

Respecto a la digitalización del curso de ingreso, Trinidad explica: “Tuvimos noticias muy tarde. Recién a principios de julio pedimos una reunión con las autoridades para acercar las propuestas que habíamos pensado en las reuniones de delegades. Creemos que es necesario armar un aula virtual donde les pibis puedan tener contacto con les docentes y hacer videollamadas para que el curso sea un lugar de acompañamiento. Lo que nos dijeron es que se va a virtualizar a partir de septiembre y se van a realizar cambios en los contenidos para que lo virtual no sea lo definitorio”, explica. “A mí particularmente lo que me pasa con el curso de ingreso online es que tengo más preguntas que respuestas. ¿De qué manera se va a poder virtualizar todo el material? ¿Les pibis van a tener contacto directo con sus docentes? ¿Va a haber tutores o psicólogues en ese proceso? ¿La institución va a brindar ayuda a quienes necesitan una mano? ¿Van a garantizar que todes les pibis que estén inscriptos puedan acceder a un aula virtual o al foro que se arme?”, pregunta la dirigente estudiantil.

Si bien la UBA comenzó recientemente a ofrecer cursos a les docentes para enriquecer las aulas virtuales con materiales educativos, Carlos explica que hasta el momento no hubo capacitaciones. “La virtualidad no sólo acentúa la diferencia entre alumnes, sino entre profesores ya que hay muches que no tienen los recursos tanto materiales como pedagógicos. No es lo mismo si vos estudiás para dar un curso a distancia que si tenés que trasladar lo presencial a la virtualidad. La virtualidad, en nuestro caso, se pensó como un complemento de las clases normales y ahora es todo lo que hay”, agrega Oroz y asegura que este formato genera mucho estrés a la hora de preparar la clases.

Por su parte, Kaplan señala: “El desafío es organizar el contenido y el tiempo acorde a las condiciones actuales de los chicos y las chicas, y que, a su vez, no implique una sobrecarga para les docentes que tienen que poner energía en preparar clases en un nuevo formato. Se tienen que pensar instancias virtuales para que les ingresantes se puedan conocer entre elles. Sino va a ser tirarles un estrés que nadie se merece solamente por el prestigio de entrar a un colegio”.

Carlos acepta que las desigualdades entre les ingresantes existen, y que las diferencias se ponen en juego tanto en la posición socioeconómica como en el acceso a otras instancias de aprendizaje. “El Buenos Aires y el Pellegrini se crearon como colegios modelos para probar lo que luego se aplicaría en los demás, de ahí la idea del curso de ingreso. Es verdad que hay desigualdades y también está el negocio de las academias. Desde el colegio estas brechas tratan de acortarse con el curso de ingreso y las clases de apoyo, que ahora tampoco se pueden dar”.

En ese sentido, la presidenta aclara que desde el Centro de Estudiantes se está trabajando al respecto. “Es una voluntad política el hecho de empezar a pensar una alternativa que apunte que a priori no sea tan restrictivo y que se vayan anulando las desigualdades entre quienes pueden pagar un instituto particular y quienes no”, concluye Trinidad.