El testimonio de madres y docentes de la Escuela de Verano

“Yo confié en Acuña, pero ahora tengo miedo de mandarlos al colegio”

Una madre llevó a su hija a la Escuela de Verano del Gobierno porteño y luego decidió no enviarla más cuando conoció que hubo casos de COVID positivo dentro de la comunidad que asiste allí. Cientos de familias tomaron la misma decisión para resguardar la salud de sus hijos e hijas.

Primero eran 17 mil, más tarde avisaron que en realidad se habían inscripto 20 mil. Pasaron unos días y remataron con la cifra de 22 mil estudiantes. Son datos proporcionados por el Ministerio de Educación que dirige Soledad Acuña, respecto a la cantidad de alumnas y alumnos que participaron en el programa Escuela de Verano 2021. Frente a una cifra oficial incierta de cuántos niños, niñas y adolescentes concurrieron a estas jornadas de verano que terminan este viernes 5 de febrero, desde el Ministerio de Educación porteño aseguraron a El Grito del Sur que “fue un éxito y que se respetaron todos y cada uno de los protocolos, y que no hubo ningún caso de COVID positivo en todas estas semanas”. Lo cierto es que cientos de familias y algunos profesores y coordinadores aseguran que con el correr de los días hubo una baja participación de estudiantes, en proporción a la cantidad de inscriptos. Las familias que enviaron a sus hijos e hijas a las Escuelas de Verano afirman que el Gobierno porteño no garantizó la aplicación de ningún protocolo, sino que éstos se habrían violado sistemáticamente. Además sostienen que la atención médica dentro de los parques estaba colapsada y era «muy mala».

 

“Yo confié en Acuña, pero ahora tengo miedo de mandarlos al colegio”, dijo a este medio Lidia Couturier, que envía a sus tres hijos a la Escuela 12 DE 12. “Pasó de todo en la Escuela de Verano, una nena que iba a la burbuja de mi hijo contrajo COVID y nunca nos avisaron los profesores de las piletas. ¿Dónde respetaron el protocolo que nos habían informado el primer día?”, se pregunta. El viernes 12 de enero, media hora después de que dejó a su hija en la escuela, la llamaron para avisarle que se había activado el protocolo. “El primer día nos habían avisado que si aparecían síntomas en algún profe o chico, esa burbuja dejaba de funcionar”. El protocolo se activó cuando una maestra tuvo síntomas y luego dio positivo de COVID, pero la burbuja siguió activa. Lidia agrega: “La coordinadora me dijo que los niños podían volver igual pero yo ya no la mandé, porque mi hija luego tuvo diarrea algunos días y después no tuvo más síntomas”. “¿Sabés lo que me respondió la coordinadora? Que no era tan grave el asunto, porque cuando nos pongan la vacuna, todos vamos a tener COVID en algún momento”, señala.

La coordinación de la Escuela de Verano está a cargo de Fabián Capponi, que es el actual Director General de Educación de Gestión Estatal del Ministerio que dirige Soledad Acuña. Decenas de casos sospechosos de coronavirus no salieron a la luz porque, según denuncian varios profesores y profesoras de estas jornadas, Capponi amenaza con rescindir los contratos precarios que no llegan a los 23 mil pesos mensuales, y que violan el estatuto docente. La mayoría de los contratados para estas actividades de verano son puestos a dedo por la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, y responden al oficialismo. Esto quiere decir que la mayoría de los trabajadores y las trabajadoras guardan silencio por “motus propio”. En el mes de noviembre fue la propia Soledad Acuña que ingresó a 25 docentes para estas jornadas y uno de ellos era el hermano de la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal.

“Yo soy titular de un grupo en una burbuja que tiene 18 chicos y tenía una auxiliar que se ausentó a partir de la segunda semana por tener síntomas”, asegura un docente de las jornadas de verano que pidió reservar su nombre. “La burbuja no se cerró y los chicos siguieron viniendo. A mí me obligaron a seguir yendo más allá de que tuve contacto estrecho con ella. Trabajamos con mucho miedo y mucha presión. Hace casi 3 años que trabajo en la parte socioeducativa del Ministerio de Educación, y siempre fue así”, agrega. El docente es profesor de Educación Física. Cada uno de los trabajadores y trabajadoras consultados por El Grito del Sur relataron que no tenían un cronograma establecido, que llegaban a sus puestos de trabajo y los coordinadores regionales los hacían ir a diferentes lugares. La estrategia establecida por el Ministerio los desorientaba y no permitía establecer una comunicación sostenida entre todos los profesores ya que se encontraban siempre con alguien distinto. “El organigrama original establecía que los chicos iban a ir dos días a los parques para disfrutar de las piletas y que tres días iban a recibir un refuerzo pedagógico en las escuelas, pero eso en ningún momento se cumplió. Casi todos los días nos mandaban al Indoamericano o al Parque de la Ciudad. Recién la última semana nos pidieron que trabajemos contenidos”, agrega el docente.

Los chicos y las chicas iban a las piletas incluso los días de lluvia. Era una orden que bajaba de la cartera educativa y que muy pocos se negaban a llevar adelante pese al riesgo que eso significaba. “Yo como docente me pregunté en varias ocasiones: ¿cuál era el objetivo de todo esto? Si ni siquiera se resguardaba la salud de los pibes y las pibas. Yo estuve un día con algunos síntomas, les avisé y me exigían que vaya a laburar, increíble”, remata el docente.

Muchos profesores y profesoras reconocen que con el correr de los días los alumnos ya no iban a la escuela y varias familias avisaron que no los iban a mandar más porque algunos estaban descompuestos y en otros casos tenían miedo de que contraigan el COVID. Las burbujas, que en un principio eran de 15 o 18 estudiantes, bajaron a 5 o 6 chicos y chicas, aproximadamente. Cientos de familias decidieron dejar de llevar a sus hijos a medida que iban apareciendo casos de COVID en estudiantes y profesores, pero las autoridades se negaban a dar información. Otras familias tomaron la misma decisión al ver cómo los micros que llevaban a los alumnos iban colmados, sin distanciamiento, y con nulo cumplimiento de protocolos.

“Taparon varios casos de COVID. El último día que fue la maestra titular de mi hijo fue el martes 16 de enero, y al otro día apareció una seño nueva, pero en ningún momento supimos qué pasó con la anterior”, denuncia Flavia, que lleva su hijo a cuarto grado de la Escuela 1 DE 17. “Con mi marido nos enteramos de casualidad por la coordinadora, porque después de preguntarle entre 4 o 5 familias nos dijo que la maestra anterior estaba aislada, pero en ningún momento nos quiso decir cómo siguió su estado salud y mucho menos si le había dado positivo el hisopado. Me preocupa mucho lo que pueda pasar ahora cuando comiencen las clases, con mi marido tenemos mucho miedo de llevarlo a la escuela”, termina Flavia.

Denuncian falta de personal médico en los parques

No sólo el coronavirus fue la preocupación de muchas madres y padres que llevaron a sus hijos a la Escuela de Verano, también se conocieron casos de alumnos que al sufrir golpes o pequeños accidentes durante las actividades que realizaban no eran atendidos por el personal médico del lugar que había sido contratado por el Ministerio de Educación. Una fuente del Ministerio de Educación porteño aseguró que varios trabajadores y trabajadoras de la salud que estaban en los parques presentaron síntomas, y que no tuvieron tiempo para reemplazarlos por otros profesionales. “Mi hijo tiene el certificado de discapacidad y padece de un retraso madurativo. Estaba jugando a la pelota y cuando iba a atajarla se le dobló el dedo meñique”, cuenta con angustia Yésica Alderete, madre del estudiante. “Él le contó al profesor y el profe le dijo que se meta a la pileta y que meta el dedo en el agua que se le iba a pasar”. En ningún momento apareció el personal médico, “y mi hijo estuvo durante 3 horas con el dedo en esa situación, doblado y de color morado. Ni siquiera me llamaron a mí para contarme y que lo pase a retirar. Cuando lo fui a buscar a la escuela me contó todo y no lo podía creer. Llegué a mi casa y nos fuimos rápidamente a la obra social”, remata Yésica.

 

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