La escuela pública llora la pérdida de Sandra Calamano (48) y Rubén Rodríguez (45). Los guardapolvos se tiñen de negro y la angustia invade las aulas que quedaron vacías. Sus nombres se hicieron pancarta y su compromiso lucha colectiva.

La explosión en la Escuela N° 49 “Nicolás Avellaneda” de Moreno, que terminó con la vida de la vicedirectora Sandra Calamano y del auxiliar Rubén Rodríguez, movilizó a la comunidad educativa de todo el país, que inmediatamente emitió mensajes en las redes y comunicados oficiales desde las gremiales docentes. La angustia impregnada en la cara de cada estudiante traspasó las cuatro paredes de la escuela: las familias y los docentes de todos los rincones de la Argentina se conmocionaron con la triste noticia, denunciaron el desfinanciamiento a la educación pública y exigieron a los responsables políticos que se hagan cargo.

Macri y Vidal: dos caras de un mismo modelo educativo

La tragedia de Moreno dejó al descubierto las consecuencias de las políticas (anti)educativas del gobierno de Cambiemos. Lamentablemente no resulta novedoso escuchar que las escuelas tienen fugas de gas, que no tienen ventanas, o que en pleno invierno no cuentan con calefacción. Los problemas edilicios son denunciados a diario por las comunidades educativas ante un gobierno que decide mirar para otro lado. Las mismas políticas que toma el gobierno de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires fueron aplicadas anteriormente por el actual presidente Mauricio Macri durante su gestión como jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Era sólo cuestión de tiempo para vislumbrar las consecuencias  de un modelo educativo que cierra con miles de chicos y chicas afuera cada año, que aumenta el presupuesto de la escuela privada en detrimento de la pública, que tiene a los docentes corriendo bajo la línea de pobreza, por enumerar solo algunos ejemplos.

La gobernadora y su equipo deberán dar respuesta ahora a los miles de reclamos que docentes, estudiantes y familias hacen llegar a sus despachos. Ya no se trata de una disputa mediática contra los dirigentes de los gremios, dado que peligra la escuela pública y quienes la conforman. No es Baradel quien define el presupuesto en educación, no es Eduardo López quien acuerda el salario con los docentes, no es Sonia Alesso quien se encarga de mantener en condiciones los colegios, es responsabilidad del Ejecutivo atender esos reclamos y trabajar para solucionarlos. Hoy hablamos de Sandra y Rubén, hablamos de su trabajo, su compromiso y su amor a la escuela pública, pero si esto no se modifica el día de mañana podemos estar hablando de tus hijes, tus sobrines, tus compañeres docentes o vos misme.

“Es un paro político”

Esos con los que te enojas cuando hacen paro antes de preguntarte porqué lo están haciendo son quienes hoy lloran la pérdida de una compañera con la que compartieron el aula, un mate, una charla, una marcha. Sandra, al igual que muchos otros y muchas otras, fue una maestra en las aulas y en las calles, porque de nada sirve enseñarle a alguien sus derechos si no le enseñamos también a defenderlos. Sandra transitaba sus días preocupada por una fuga de gas que denunciaron seis veces al Consejo Escolar, pasaba sus días haciendo una “vaquita” para poder comprar el pan suficiente y que ningún estudiante pase hambre. Demostró de la mejor forma, con su ejemplo, cómo se sostiene la escuela pública todos los días.

Hoy nos duele Sandra como nos dolió Fuentealba. Nos duele cada pibe y cada piba que no tiene lugar en la escuela pública, nos duele ver llegar a los y las estudiantes con hambre a la puerta de los colegios, nos duele que las escuelas se caigan a pedazos y que no alcance la comida en los comedores escolares. Hoy la escuela pública está de luto y los guardapolvos se tiñeron de negro. Lloramos y nos abrazamos, gritamos y susurramos, paramos y luchamos para que tragedias como ésta no vuelvan a ocurrir. Y se trata de un “paro político”, claro. Educar en la escuela pública y defenderla es un acto político, enviar a nuestros hijos y nuestras hijas allí también lo es, apostar por un espacio de cooperativismo, enseñanza, compañerismo y solidaridad es una elección política, y del mismo modo, la decisión de desfinanciar, atacar y deslegitimar la educación que todos los argentinos y todas las argentinas pagamos con nuestros impuestos, es política.