Un enigma generalizado

¿Quiénes son y cómo piensan los jóvenes libertarios?

La aparición de jóvenes libertarios en defensa de "la libertad, la vida y la propiedad privada", que tiene sus antecedentes en expresiones políticas anteriores ligadas al liberalismo, ha llamado la atención luego de haber participado de movilizaciones contra la cuarentena en el Obelisco y la Plaza de Mayo. Desde El Grito del Sur hablamos con algunos de ellos para comprender cómo piensan y actúan estas personas.

Desde hace meses se viene desarrollando en la Argentina un fenómeno político que ha generado mucho revuelo en los medios de comunicación y las redes sociales: los jóvenes libertarios. A contramano de lo que sucedió en los últimos 15 años, donde la juventud se volcó a la política creyendo en ella como una herramienta de transformación y llegando en muchos casos a formar parte de organizaciones, colectivos o partidos políticos, la aparición de hombres y mujeres jóvenes que descreen del sistema político tal como lo conocemos y proponen un modelo basado en principios liberales, utilizando además argumentos fuertemente cuestionados, captó la atención de todos y todas. El Grito del Sur habló con tres jóvenes que forman parte de este movimiento para comprender en detalle de qué hablamos cuando hablamos de libertarismo, quiénes son los libertarios y cómo piensan.

Santiago tiene 21 años, estudia la carrera de Trabajo Social que se dicta en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y se define como «un hijo de Dios, cristiano, pero en mi parte política libertario». L. -quien prefirió mantener el anonimato- tiene 20 años y, aunque simpatiza con las ideas libertarias, aclara que no por al 100 por ciento porque «los extremos son malos». También está Matías, de 24 años, quien cuenta que se siente «más identificado con las ideas que profesa el liberalismo, centrándose en el individuo más que en los colectivos». Historia y principios del libertarismo, su posición frente al feminismo, la educación, la cuarentena, la intervención de Vicentin, el rol del Estado, y mucho más en una conversación a fondo con tres integrantes de este movimiento libertario que muchas veces se presenta como algo difuso o difícil de encuadrar.

El libertarismo es una nueva expresión política que surge producto de la conjunción de distintas corrientes liberales y se basa en tres principios: la libertad, la vida y la propiedad privada. El término libertario surge en Estados Unidos, luego de una larga búsqueda que se inició cerca de la década del ’70 para bautizar de alguna forma a esta flamante identidad que nacía desmarcándose de los liberales/demócratas, ya nombrados y representados.

Al consultar por sus referentes argentinos, las respuestas fueron muy variadas: desde L., que dijo no tener referentes porque se trata más de ideas que de personas, hasta Santiago que ubicó a Javier Milei como principal referente del libertarismo, pasando por personajes como Agustín Laje, Miguel Boggiano, Pablo Segre, Manuel Adorni, Nicolás Márquez y Francisco Neto. Por otro lado, Matías mencionó a Juan Baustista Alberdi, José de San Martín, Julio Argentino Roca y Domingo Cavallo.

Jóvenes en una actividad con el economista liberal Javier Milei.

Un Estado que sí, pero no

Respecto del rol que debe cumplir el Estado, son muchas las cosas que se ponen en cuestión desde una visión libertaria. Sobre la intervención estatal en la economía, Santiago opina: «El Estado como representación de un colectivo, del mercado, nunca puede meterse en la economía porque al ser un ente abstracto (el Estado) y al fin de cuentas se rige por el pensamiento de los gobernantes, nunca va a poder saber a la perfección los gustos y preferencias de las personas. Entonces, ¿con qué derecho el Estado va y te dice que te tienen que gustar tales cosas y tenés que consumir tales otras?». «Cuando el Estado se mete en la economía, se mete en la libertad de las personas», agrega.

Por el contrario, todos coincidieron en que las funciones del Estado deben estar ligadas «principalmente a la seguridad, tanto exterior, tal como el ataque de otras naciones, como interior, la delincuencia común, el robo, el asesinato o cuestiones mayores como puede ser una organización armada, el narcotráfico, etc.». «El Estado tendría que ser minarquista, tiene que ser el simple regulador de las libertades individuales, de la propiedad y la vida. Los cargos públicos tendrían que ser meritocráticos, y no que cualquier loco elegido por «ser el más votado» tenga un cargo tan importante para una sociedad. Además, tendrían que ser cargos públicos ad honorem», plantea L.

«La igualdad de oportunidades no las garantiza nadie, pero la ley pone a todos sobre la misma base. Luego, cada uno tiene que hacer lo mejor que puede con lo que tiene. Solo el propio individuo puede garantizarse algo a sí mismo», dice Matías en relación al rol social del Estado, la provisión de derechos y la equiparación de oportunidades para todos y todas en una sociedad. «Una oportunidad es algo que no sé si uno puede determinar con tanta facilidad porque oportunidades hay un montón, la vida te da un montón de oportunidades y uno las toma o no. No necesariamente cada persona tiene las mismas oportunidades porque cada una se circunscribe en ámbitos distintos por su propia individualidad y eso la lleva a que sus oportunidades no sean las mismas que las de los demás. Entonces, igualar las oportunidades -cuando ya de por sí las oportunidades son distintas- parte de un error ideológico», añade Santiago.

Vivo, luego existo

Aunque su principio en defensa de «las 2 vidas» no dejaba mucho margen a la duda, consultamos a los entrevistados sobre su posición acerca del aborto. «Ha habido una gran manipulación a nivel cultural acerca de lo que realmente es un aborto, lo que es la vida humana y lo que es el feminismo. En términos generales, el libertarismo está en contra del aborto y está en contra de lo que es el feminismo desde la segunda ola en adelante», sentencia Santiago. «No es el feminismo libertario que parte por ejemplo de personas como John Stuart Mill, por mencionar solo a una de las figuras dentro del feminismo liberal», explica.

Si bien admiten que hay libertarios en favor del aborto, advierten que éstos no tienen ningún tipo de fundamento científico para sostener su posición. «El aborto es el asesinato de un infante», denuncian. «Estoy en contra del aborto personalmente, pero me parece totalmente absurdo debatirlo en un país con 50% de pobreza. No es algo que me caliente ahora, prefiero discutirlo cuando la gente no se esté muriendo de hambre», contrapone Matías.

Los jóvenes libertarios cuestionan también las legislaciones en materia de género, ya que consideran que las leyes deben ser universales sin poner a algunos por encima de otros. «La ideología de género va en contra de la libertad», aseguran.

Educación: ¿pública o privada?

Santiago, quien cursa en la UBA, cree que no puede haber educación pública, pero sí apuesta por un apoyo estatal a la privada. Además pone en cuestión fuertemente el sistema educativo de la Argentina, alegando que éste busca únicamente adoctrinar a las personas. «El Estado te obliga a ir a una institución, y como el Estado ya tiene una ideología te va a obligar a que vos no aprendas, sino a que seas disciplinado y respondas a lo que Estado quiere», sostiene. «No hay nada de emancipatorio en la educación pública y nunca lo va a haber. Hoy por hoy el Estado no brinda educación, brinda adoctrinamiento», reafirma.

Matías se expresa en el mismo sentido y agrega: «A nadie, salvo al Estado, le interesa tener gente estúpida en su población. El privado quiere gente más calificada para hacer mejores trabajos y generar más riqueza, mientras que a los políticos les interesa crear más adeptos». Acusan al Estado de tergiversar la historia e introducir cuestiones controversiales como la ideología de género. En este sentido, L. opinó también sobre el lenguaje inclusivo y su utilización en ámbitos educativos: «Es un insulto tanto a la lengua como a las personas burlarse del idioma con el «lenguaje decresivo» imponiéndolo en la educación. Por cosas como éstas, la educación es tan nefasta en la Argentina».

Los soldados de la infectadura

Otro de los temas por el que los libertarios han ganado popularidad en el último tiempo tiene que ver con su participación en las distintas manifestaciones realizadas durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio en contra de la cuarentena. Poniendo en tela de juicio la propia existencia del virus y acusando al Gobierno de una conspiración para instalar un nuevo orden mundial en el marco de una «infectadura», los libertarios se ubicaron nuevamente en el centro de la escena. «Se arrancó bien declarando una cuarentena total para preparar el sistema de salud, pero nunca lo prepararon, solo produjeron más gasto público y más inflación imprimiendo billetes y haciendo mierda la propiedad privada», cuestiona L.

En esa misma línea intervino Matías, quien remarcó que al principio el aislamiento le pareció una medida correcta por el peligro que representaba el virus y la necesidad de preparar al sistema de salud para enfrentar la pandemia. «Hoy en día la cuarentena dejó de ser sanitaria y pasó a ser política -resalta-. Las consecuencias de esta cuarentena van a ser mucho más devastadoras que el virus: con aumento brutal de la pobreza, el desempleo y la violencia».

Por último se posicionó Santiago, el joven militante del partido Unidos: «La cuarentena tiene por objetivo en todo el mundo preparar al sistema de salud para enfrentar los contagios, pero los contagios son inevitables porque la libertad es un principio de la vida que no se debería atentar. Entonces uno debe salir y ser libre, y por ende se contagiaría». «Es un sistema (la cuarentena) muy vil, pero bastante hábil para convencer a las personas de que el Estado es la solución de algo», sigue. «El objetivo de la cuarentena para este gobierno es básicamente eliminar el sistema republicano de nuestro país. Hoy todo depende de una monarquía del Poder Ejecutivo, donde se busca quitarle más dinero y la libertad a las personas. Es un desastre», concluyó.